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Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos. Las avispas .

noviembre 2, 2015

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Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos. Las avispas.

Para lucubrar una buena descripción, es necesario observar lo suficiente. Pasé meses observando a esta tropa de brujas y esperpentos. Observar y pasar de los “rumores” y los golpes bajos. Observar y llegar al corazón de su vida cotidiana, de sus intimidades.  Les observé sin escribir una línea, todo un record para una apasionada de la escritura. Los datos se fueron apiñando. Demasiada turbulencia y suciedad, la que iba saliendo  de este reino de filibusteros y embaucadores. Me tomé este trabajo con celo, meticulosidad y mano izquierda, enfrentando a una de tantas buenas y malas pasadas del azar o una de tantas contingencias de la vida.  Era esta, una historia que invadía mi existencia intentando desbaratar mi presente: esta hueste de miserables y miserias se colaba por los flancos, al descubierto, de mi vida privada, sin importarles el daño que iban a infringir, sin importarles la cobardía de la connivencia de la horda contra el individuo, sin importarles mi vida ni conocer nada de mi vida, sin importarles para nada mi minoría de edad, cuando ellos  tenían espolones hasta en cielo de la boca. Saltándose a la bartola la legalidad vigente, y, eso que “supuestamente” estaban rodeados de leguleyos, menudos leguleyos: odio, rabia, venganza y bajeza moral.

Los principios y un cierto orgullo me llevaron a no denunciarles, de momento. Lo que ellos no  lograban vislumbrar es que la recolección de insidias que comencé……  no había concluido en modo alguno. Ignoraban, también, en qué manos estaba “toda” la información, la “vieja” y la “nueva”. Por ignorar, ignoraban lo simple que resultaba “enlatar” sus palabras con ayuda de la  tecnología y de personas intachablemente incuestionables…

Los paseos por ciertos puntos estratégicos de la ciudad fueron realmente instrumentales. Las lenguas se soltaban bajo el peso de sustancias, más o menos legales, y de conversaciones triviales  o chirriantes que terminaban enlatadas : sombras que adquirían la consistencia de  solemnidad o pesadilla, todo dependía de la perspectiva. A veces, la información es como una arteria hinchada, reteniendo, en sus oprimidas paredes, la roja sopa de la vida. Reteniendo la minúscula y misteriosa chispa que incendia el pensamiento y nos hace sobrevolar los caminos de la existencia y del destino.

No vale la pena poner demasiado empeño en una causa contaminada, infectada, emponzoñada, y, sin embargo, de tanto en tanto, te ves obligado a defender  tu castillo.  Preservar tu reputación, contra el vituperio, con toda la dignidad y filosofía posible. Hay que defenderse y protegerse con decencia y decoro, y, siempre sobre toda sospecha. Tienes que restituir la  fuerza de la verdad, devolver el lustre al imperio de la ley. No se puede escatimar esfuerzos a la hora de luchar por aquello que es de justicia. Hay que bregar beligerantemente. Luego, con el tiempo, llegaremos  a saber si mereció la pena ensuciarse.

¡Lo que son las cosas!, celos banales con raíces en alguna oscura parte de un cerebro enfermo. Rabia imprecisa e incontenida, en definitiva, era la historia más vieja del mundo: el ensañamiento feroz y sucio de un grupo de zorras, de acomplejados celosos y descontentos rechazados, capaces de actuar con la peor  bajeza moral, y,  sin “medir las consecuencias” de sus actos. Heria.

 Idos, libres y alegres. Escuchad, en tanto, innumerables espectadores, nuestros prudentes consejos y procurad que no caigan en saco roto: esa falta es propia de un auditorio ignorante y que vosotros no podéis cometer. Y ahora, si amáis la verdad desnuda y el lenguaje sin artificios, prestadme atención. El poeta quiere haceros algunos cargos. Está quejoso de vosotros, que antes le acogisteis tan bien cuando, imitando unas veces al espíritu profético oculto en el vientre de Euricles, hizo que otros os presentasen muchas comedias suyas, y afrontando otras cara a cara el peligro, dirigió por su mano sin ajeno auxilio los vuelos de su musa. Colmado por vosotros de gloria y honores, como ningún otro vate, no creyó, sin embargo, haber llegado a la cúspide de la perfección, ni se ensoberbeció por ello, ni recorrió las palestras para corromper a la juventud, deslumbrada por sus triunfos. Noblemente resuelto a que las musas que le inspiran no desciendan jamás al vil oficio de alcahuetas, jamás consintió, por su sentido de las conveniencias, en ceder a las instancias de algún amante despechado y deseoso de ver ridiculizado en escena al objeto de su animadversión. E incluso la primera vez que hizo representar una obra no partió en guerra contra el común de los mortales sino que atacó con furor de Heracles a los más grandes y, en su primer ensayo, tuvo la audacia de medir sus fuerzas con el monstruo de acerados colmillos, ese monstruo cuyos ojos, como los de Cinna lanzaban miradas de terribles fulgores mientras que cien cabezas de cortesanas, con dolorosas súplicas le lamían el cráneo puestas en círculo. Y la voz de ese monstruo era el de un torrente devastador. Hedía como una foca, tenía !as bolsas infectadas de una Lamia y el trasero de un camello. Pues bien; nuestro autor declara que en presencia de ese monstruo ni tuvo miedo ni accedió a venderse por dinero. Bien al contrario, todavía hoy está combatiendo en vuestro favor. Añade que después de haber combatido a ese monstruo, el año pasado atacó a esas pestes y cóleras que, por las noches, venían a estrangular a los padres, ahogar a los abuelos y, abatiéndose sobre los lechos de los más tranquilos de vosotros los aplastaban bajo un montón de declaraciones, citaciones y testimonios. Con frecuencia, saltabais entonces de vuestras camas, temblando, para ir a ver, precipitados, al Presidente del Tribunal. Habiendo hallado en mi persona un desfacedor de entuertos un purificador del país, el año último le abandonasteis cuando sembraba esas ideas nuevas cuyo desarrollo no habéis sabido favorecer por no haberlas apreciado en su justo valor. Y, sin embargo, el poeta os jura, con mil juramentos rociados de libaciones sobre el altar de Dionysos, que jamás habéis oído una poesía cómica tan excelente. !Sea, por consiguiente, la afrenta para los que no comprendisteis en el acto! Cerca de los espíritus competentes, el poeta conserva intacta su reputación. El carro de sus esperanzas se ha roto, pero ha sobrepasado a sus rivales. En lo por venir, mis buenos amigos, sed más amables. más graciosos con esos poetas que realizan un esfuerzo por hallar algo nuevo que deciros. Conservad sus pensamientos y apretadlos en vuestros cofres con las manzanas. Si procedéis así, vuestra ropa conservará todo el año un perfume espiritual.”

Hace mucho, leí  “El informe Hite”, es uno de esos informes que cuestionas pero que al mismo tiempo te hace cuestionarte mil cosas, y ahora, para hablar de la hermana de Eviolela me servía…

¿Cómo sabemos  que una vaca no es un novillo?. Su familia se negaba a admitir la hipótesis más evidente. Ella se negaba a admitir la hipótesis más evidente. Nadie intuyó, o quiso ver,  la necesidad de acudir a ningún gabinete de psicología aplicada. Tapar. Esconder. Encubrir. Ocultar , el máximo tiempo posible, cualquier escándalo. Ni los mayores eran capaces de ergotizar o presumir lo que acabaría sucediendo. La sexualidad no se puede extirpar. Es una de esas cosas que te hacen sentir viva. Por más que Mirta decidera  dar largos paseos a solas para  reflexionar, siempre volvía a casa con la imagen fija de una tentación que ensordecía su mente. Era insoportable no poder dormir al lado de esa “imagen fija”. Era insoportable acallar ese deseo de amor que se deslizaba bajo sus bragas y hacía estremecer su cuerpo. Con la mano rígida y adormecida por los elásticos, acababa por despertarse. Su rostro reflejaba una tristeza y amargura que no habría podido superarse con “cosas” (en esto era muy diferente a Eviolela, para ella todos los males terminaban en una tienda de cosméticos, ropa o baratijas de marca).

Pasó bastante tiempo antes de poder ir descartando lo que no era, un gran intervalo hasta ir  asumiendo y aceptando lo que era y estaba destinada a ser. En esta transición, la propia sexualidad ocupaba un lugar  más destacable, el más honorífico. Su nueva jerigonza, al respecto, nacida de una cierta superación y una penosa percepción de su disyunción, fue tomando el relevo a la imposición y la obediencia. Presa de la propia conmiseración quiso dejar de ser una desconocida para sí misma, esto desencadenó una pequeña tempestad entre ella y Eviolela.

Mirta, era un clon, físicamente hablando, de Eviolela, pero sin  tres capas de chapa y  pintura, sin trapitos ni zapatitos kawai…Su pelo conservaba el color natural que la genética había legado a ambas. Por conservar, conservaba el pensamiento y discurso de una inculta e inepta total (estoy convencida,  ninguna de las dos superaría el noventa y poquísimo de CI) y el vozarrón de un camionero sordo. Dios, que vozarrón en comparación con la voz impostada y falseada de Eviolela.

Las  etiquetas siempre suponen la expresión de una medida, más o menos justa, pero, pocas veces se puede estar más seguro de no precipitarse en el juicio: ambas desfilaban por las mismas  irrelevantes pasarelas, una y otra vez. Con ellas era extremadamente difícil cagarla, eran libros abiertos o sin tapas. Conozco, con bastante exactitud, los traumas de cada una de ellas. Sé lo que vale cada una de ellas. Sé cuál de ellas es más torpe o inepta, cuál más egocéntrica y artificial y cuál de ellas, un poco, más natural. Sé cuál de ellas no superará jamás los traumas de la infancia ( Eviolela). Sé cual de las dos  tiene más maldad y menos catadura moral( Eviolela).                                                                                                              Por desgracia, conozco demasiado a cerca de ellas. Yo no bajo los ojos a la hora de captar crueles realidades ,mudas o no. Mudos discursos del alma o retorcidos discursos de las lenguas. Yo, contemplo,  cara a cara, la miseria que gravita en torno a  negros corazones como los suyos. Callarme, especialmente frente a la injusticia, no forma parte de mi materia prima. Siempre me pronuncio con una claridad incuestionable, algo con un elevado precio, algo que resquebraja el alma demasiadas veces. Algo que duele.
A menudo, siento compasión por seres “deformes”, en toda la extensión de la palabra. No, en este caso no. Ningún método de perdón habría funcionado con seres, como estos, que no están dispuestos a reconocer sus más perniciosos pecados y sus más fangosas culpas.

Mirta, era un chicarrón del norte atrapado en un cuerpo con  “algunos” atributos de mujer. No era una lesbiana al uso, o no se sentía cómoda en ese papel. Físicamente las relaciones, sexuales, con mujeres le resultaban placenteras; pero socialmente, si hablamos, expresamente, de relaciones “sociales”, sólo encajaba con los chicos. Se sentía cómoda con los chicos, haciendo cosas de chicos, hablando como un chico, enamorándose como un chico.

En Cadizfornia, daba rienda suelta a esa faceta tan sublimada en su ciudad. De hecho, caía, frecuentemente, en eso que Freud llamaba “actos fallidos”, aquí y allí pero más allí. En las discotecas y baretos de copas de la playa, como  El cortijo,  Keops, Makoki, La Luna, Icaro, La Cochera, Noha, La bruja, Capote, Bubble’s…  se sentía libre. En realidad, Eviolela también, pero ella no tenía en juego nada valioso. Sus bragas contenían el mismo “banquete” de higo al alcance del necesitado, del más necesitado. Mirta , en cambio, se jugaba algo más importante, la importancia del disfrute, ante el mundo, ya había sofocado demasiadas veces sus ansias con las manos…

Mirta, en un principio, no había sabido muy bien qué hacer consigo misma. Reorganizaba frecuentemente sus armarios, los de madera y los del pensamiento. Cruzaba la habitación y abría el cajón de la cómoda, un mueble bastante clásico,  mirando las viejas fotografías de la familia. Ya estaba dejando de ser el santuario que era. Desmitificación.

Había  tenido algunas “particellas”, pero ninguna tan “importante” como la actual. Por ella, por Mirkan, estaba dispuesta a salir del todo del armario. Pero Mirkan, era un ser muy singular. Un ser bastante atormentado. Un ser que ocultaba bajo siete cerrojos su corazón repleto de “agrafes”.  Era una de esas personas que vuelcan en el sexo con otras mujeres, de forma experimental, todo el rencor hacia los hombres. Uno de esos seres que, a fuerza de golpes emocionales, han destruido el  verdadero entusiasmo por el sexo. No tienen curiosidad por explorar y se limitan a tocar o dejarse tocar. No son expresivos ni creativos. Demasiadas felaciones y cero cunnilingus en sus vidas. Demasiada dificultad a la hora de tener un orgasmo, con hombres, con tan escasas sensaciones y tantos resquebrajados o aniquilados sentimientos. Su pensamiento era, simplemente, un banco. “deudas y créditos”. Si se la chupa a un tío él debe comérselo.

Las mujeres representan, para ella, una clara similitud de propósito: gozar y hacer gozar. Ya elegiría el mejor caballo o yegua para compartir su camino, su lecho, su espacio vital, ya elegiría a alguien para hacer proyectos a corto, medio y largo plazo. Estoy convencida de que en esa parte de su vida no había lugar para Mirta.

Eva Registered & Protected
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