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Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos. Betelgeuse.

octubre 27, 2015

1b

Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos. Betelgeuse.

No hay nada que hacer. Pocas cosas son tan necesarias para el hombre como el cerebro y corazón. Y precisamente Kirikiko tenía ambos agrietados. Bastante más el corazón, ese eje metafórico que mantiene unido cuerpo y mente, ello obligaba a su cerebro, un agujereado y espongiforme órgano, a soportar demasiada presión, demasiados añadidos concebidos, a forma de tampón, para contener la vida, para contener las tristezas, el dolor, las ausencias, las presencias, los sueños irrealizables, las verdades incómodas…
Añadidos que procedían de límpidos fracasos sobre nítidos fracasos. Curiosamente, a pesar de su “inmaculada limpieza”, estos lastres, necesitan de la suciedad y miseria del hombre, en primera persona, para ser comprendidos y comprendernos. Los escondemos, los enterramos, en nuestro más hondo y silente pensamiento hasta poder hacer algo con ellos. En un momento de avenencia interior debemos creer ser lo suficientemente fuertes para dejarlos tras los puentes cruzados. Lo inquietante del tema es que necesitamos retroceder sobre la quebradiza pasarela hasta el provecto lugar. Necesitamos bastante coraje para excavar, y profundizar lo suficiente, hasta desenterrarlos, luego extraer su ponzoña y veneno, o, no extraer absolutamente nada. Más inquietantes, aún, resultan esos seres que no pueden superar sus propios ruidos de fondo, su historia, y sus fracasos se enquistan. Una oscura paremia. Una suerte de burdo material tampón. En estos seres, el necesario olvido es simple espejismo.

Kirikiko no podía dejar que sus heridas cicatrizaran de forma natural. No podía dejar de tejer redes de ficciones en las que, a menudo, caían algunos hombres y ella misma. La peor de las necedades, tragarse las propias mentiras sin masticar. Papilla caníbal. El repugnante líquido se adhería a la carne tibia, sin gotear, hasta tornarse frío como el yeso enmohecido. No, no había nada que hacer, esos añadidos que Kirikiko manejaba, sin juicio y responsabilidad alguna y una tal desenvoltura digna de los conciliábulos Pacelli (PP XII), comenzaban romperse ante la tozuda disposición del microscopio y el cronógrafo.

El íntimo y creciente deterioro de Kirikiko la llevó a explotar una historia más común de lo que ella era capaz de imaginar: el acogimiento residencial. Por suerte o desgracia, sé de algunos casos, y, esas personas a las que les tocó vivir esa experiencia, son hoy día verdaderos ejemplos de superación.                                                                                            Kirikiko, daba dos capas de pintura al hecho del acogimiento residencial. Internado tipo Libba Bray . De cara a la galería pintura rosa en la  fachada. De cara a los posibles ligues, tristeza y dolor mezclada con una dosis de algodón de azúcar. El cebo perfecto para atraer y retener a un chico, el tiempo suficiente o más allá de él. Ella siempre comparaba.

A menudo, a los pobres incautos que querían algo más que un polvo, les parecía tan indefensa, tan frágil, tan dañada por malas experiencias y malos amores que trataban de refugiarla entre sus sábanas. Luego, cuando se sentían manipulados y zaheridos por torpes mentiras y deslealtades, se volvían inmunes a su viática mordedura; al menos un tiempo lo suficientemente  amplio y estable como para permitirle a Kirikiko encontrar sustituto, entonces dejaba de ser peligrosa y volvía a transfigurarse en aquella “niñita dulce, triste y estigmatizada”.
Entre ese primer paso, el mal procesamiento mental del acogimiento residencial, que la llevó a sentir una suerte de amor-odio por su propia familia, y el segundo, que la llevó a la conspiración maquiavélica para dañar a otros no hubo tempos intermedios. Todo fue factible aprendizaje acierto-error. Una página más oscura y deforme que su dentadura.

Lo que hizo sufrir, con ayuda de Eviolela, a Rob, esa chica que Kirikiko sabía enormemente superior a ella. Guapa, con esa belleza discreta y elegante que la hace flotar sobre lo pusilánime y retorcido. Con esa inteligencia ganada al esfuerzo y el merito. Con esa dulzura penetrante…Indefectiblemente, indudablemente superior.
Kirikiko siempre prefirió la floritura de lo fútil al sacrificio y esfuerzo por lograr algo “necesario”, “importante”.
En su escala de valores, da grima llamarlo valores, los trapitos y complementos banales estaban muy, muy, muy por encima de todo. Lo importante era una, a menudo futurible, moneda de canje. Era tan estúpida como para creer que encontraría un mecenas vitalicio. Un mecenas en el limbo perpetuo de la ineptitud y necedad. Alguien que jamás se cuestionase una simple lagrimita suya…
Lo pienso y enfermo. Principios. Valores…no puedo ilustrar semejante asco. Simplemente puedo esgrimir actos concretos como espada contra la apariencia de las cosas: un año sabático para pensar y trabajar. Ese tipo de trabajo de tercera, escasamente remunerado, que te lleva, sin ir más lejos, a estudiar sin que nadie pague tus matriculas. Ni tus padres ni nadie. Unos euros que te aportan una relativa tranquilidad a la hora de mirar de frente eso que llaman beca. Quizá, con los años lograría sonreír al evocar ese estilo de vida monacal.

Principios. Principios. La Márgola tampoco tenía demasiados. Banalizar el cáncer de mama es nauseabundo. ¿Puede ser tan lerda para no saber que el cáncer de mama es el cáncer más frecuente, más incidencia, en las mujeres tanto en los países desarrollados como en los países en desarrollo?.Todos los cánceres merecen un lugar en el calendario, por eso se agrupan. Definitivamente, las campañas de concienciación, en referencia al cáncer de mama, son un desperdicio de dinero, tiempo y esfuerzo. ¡ Qué iniquidad, señores!, ironía.Pero volvamos a Kirikiko.

Sus fotografías eran planas. Su historia era plana. Monocromática. No había un solo signo de indescifrabilidad. Lo poco que podía ocultar, ya, cabía en un punto y aparte.
Su chico, su novio, su última víctima propiciatoria, de momento, era un punto ciego. Ese punto de inopia situado entre dos ojos. Tristemente, ese chico no lograba vislumbrar la amenaza que le acechaba y se subía a su cama y su cogote, muchas veces. A pesar de su carácter, ella lograba ridiculizarlo sin que fuera consciente de ello o se percatara, quizá incluso lo dejara correr…. Otras tantas veces, el peligro se subía a sus espaldas. Trabajo de “negros”. “Cosas de negros”. Torpeza. Pedos y ronquidos…                                                                                                                                                              Aunque fuese por puro egoísmo, para que el mecenas  le durase los suficiente hasta encontrar uno mejor, o si venían mal dadas poder llevarlo al altar, Kirikiko podía y debía “arrastrarlo” a una consulta médica. Podía y debía inducirle a solicitar una polisomnografía para descartar una apnea del sueño con segundo apellido…
Amor. Amor. ¡Maldito azar!. Hasta para eso,  “La diosa fortuna” hace entonar su letanía:

“Aquí te invoco, Tique, con mis súplicas, noble soberana, dulce protectora de los caminos, para la obtención de felices posesiones, en calidad de Ártemis conductora, renombrada, vástago de la sangre de Eubuleo, de irresistible deseo. Fúnebre y errática, objeto de celebración para los humanos, porque en ti reside la vida tan variada de los mortales, ya que a unos proporcionas una dichosa abundancia de bienes y, a otros, penosa pobreza, proyectando tu cólera con furor. Mas, ea, diosa, te suplico que vengas propicia a mi vida, rebosante de felicidad para el logro de un bienestar dichoso.”

Y quiso la diosa, “bendecirme”, ironía, aquella tarde del cinco de octubre con una doble carambola: por un lado, Eviolela y Kirikiko, sentaditas al sol, con un grupo de “amigos”, entre ellos, algún “friki bajito y gordo”, pero él no lo sabe, cosas de Eviolela. Un friki de esos que suelen ser “el sustantivo verbal”, no deseado, de la pobre Eviolela : perseguir, acosar, hostigar, atosigar… por otro lado, el exnovio de ojos aguamarina. Tanta cercanía me hizo llegar al éxtasis de los que consiguen regresar indemnes del infierno. Pero esa parte del cuento se desarrollará tras la catástrofe cósmica de las noches perras de Sirio, Sirio, es uno de los perros de Orión. Betelgeuse explotará…

Eva Registered & Protected
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