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Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos (IV). El Corral de las Perepatetikes . 

julio 10, 2015

Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos (IV). El Corral de las Perepatetikes .

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Mi vida, por lo general, es bastante ordenada y metódica. Me ocupan muchos y variados intereses, y, sencillamente, me preocupan los temas de enjundia o envergadura. Compararme con las demás chicas y tratar de vilipendiar a las que puedan ser mejores que yo no forma parte de mis objetivos, ni de mi carácter; evidentemente, tampoco hacerme un selfie diario ( cute o porno). Seguramente, ambas acciones, sean un servicio a la comunidad con prima de bonitos regalos (unos más pragmáticos que otros, pero los likes que no falten) por un lado, pero también con prima de riesgo (consecuencias) por otro. Debe ser angustioso y desesperante sentir esa necesidad patológica de ser querido o aceptado a cualquier precio, pero utilizar la mentira, la calumnia, la injuria… es ir demasiado lejos y demuestra hasta qué punto una mente trastornada puede llegar. Errores del azar. “Dios” juega a los dados.

Ahí estaba ese reptil, no clasificado, tratando de echarme de mi propia vida. Ahí estaba, con su veneno ponzoñoso y su lengua viperina, en un cruce de caminos demasiado azaroso para quien no cree en la suerte. Lo que se fue sucediendo desde ese justo momento es indicativo de las nefastas consecuencias de errar el objetivo cuando inicias una guerra. Sucia, evidentemente. Todo lo referido a ella es sucio, abyecto, torcido, inmundo, abominable, perverso, infernal, subterráneo…

Los afectos electivos son los verdaderamente humanos y humanizantes. Los otros, son “cosificables”: se toman a falta de algo mejor y se dejan cuando ese algo mejor aparece. Esa, para desgracia de incautos, era su pauta de conducta. Tomaba y dejaba las relaciones como si de sus “cuqui-fundidas AlienexPres” de móvil se tratase. Incluso la Márgola era una “cosa” que “utilizaba” cuando le convenía. La había tenido un año en el trastero, en el cubo, sin fondo, de su basura. Un cubo demasiado grande. Y ahora, en este justo momento, la cobardía la empujaba a rebuscar en su propia basura, entre sus propias miserias, aquello que tiró. Necesitaba algo lo bastante soez, barriobajero y chabacano para sus propósitos. Necesitaba un “valido” lo suficientemente ruin, fullero y endurecido para ser “usado” como ariete y parapeto. Así, su actual SailorMundo parecería “inmaculado” y su imagen (una imagen falseada y falsificada totalmente) de buenismo y buenrollismo no se vería comprometida. Pocos conocían la negritud pantanosa de su alma.

La Márgola, unos años atrás, había ejercido de lazarillo, celestina y trotaconventos para introducirla en el círculo heavy de la ciudad. En calidad de “groupie” y en su peor acepción. El ambiente acotado le parecía propicio para la caza. Caza del músico, premio gordo, o lo que se pusiera a tiro, premio de consolación, dado que la Márgola era tan “agraciada” como ella, aunque infinitamente más ordinaria y arrabalera. La Márgola tenía garantizada la entrada en tan singular ambiente ya que le unían lazos de sangre con un músico y con un promotor de espectáculos.
Cuándo, ella, comenzó a perder el control sobre su monstruo y el ambiente comenzaba a resultarle incómodo, por exceso de realidad, sustituyó a la Márgola por una marionetilla de rastrillo, tan ligera de bragas y cascos como ella, pero más mona y con muchas más “posibilidades” como groupie-slug. Ghosting-On.

El mundillo del metal es muy particular. Pese a lo que la gente suele imaginar cuando piensa en heavy metal, no es un mundo de violencia y satanismo. Es un mundillo donde la música ocupa el lugar que le corresponde, el principal. Luego, en segundo lugar, está la “filosofía vital”, y por último la imagen. La música es la reina y estrella en cada concierto de metal, en cada poro de la piel de un metalero. El verdadero metalero hace de las verdades incómodas un estandarte. Cualquier tema debe ser abordado desde la más palmaria y desnuda verdad de cada uno. La falsedad y la hipocresía son detectados y desenmascarados sin diplomacia alguna. Un verdadero metalero es capaz de llegar a las profundidades del alma humana como lo haría un reputado psiquiatra o psicólogo, pero por el camino más corto. Sus temas de conversación suelen requerir de, al menos, sinceridad. La capacidad de argumentación y lógica son bastante bien acogidos e incluso solicitados, si bien no hay que ser el más brillante conversador del reino, simplemente ser auténtico. Autenticidad, un pilar de su filosofía. Autenticidad de la que ella carecía por completo. Disfrazarse, con trapitos y poses, de metalera y poner el “conejito” en bandeja no es suficiente para “integrarse” en este mundo. Mucho menos para ganarse el respeto necesario para ser considerado un igual. Al contrario, un coñito fácil era considerado como un “corral” al que organizar excursiones en cuadrillas de tres a cinco aguardando delante a pie firme y dándose palique hasta que acabase el cagón del grupo. Cada cual podía abordar la faena como se le antojara o tuviera costumbre, en eso nadie se entrometía. Quien más y quien menos tenía necesidades fisiológicas que cubrir, luego, se limpiaba el ojete, hasta dejarlo reluciente, y si te vi no me acuerdo.

Por otra parte, las verdaderas metaleras tenían caladas a estas ursulinas disfrazadas con corsé, minifalda y tachuelas en las botas de plástico y las trataban como a una plaga a exterminar.
Estas perversas criaturitas del averno, amén de profanar la música, lo más sagrado en el metal, solían tener un muy similar modus operandi: calentar bragueta, aunque para ello tuvieran que meter la lengua en la garganta de otra tía o tocar teta y pelo de coño. Bisexualidad de opereta y fanfarria. Tal morbosa propaganda terminaba por crear curiosos antecedentes:

-Lo has conseguido nena, estoy desbocada y calentita, muy caliente, así que vamos al aseo. Quiero que me comas el coño sin parar hasta dejármelo “pelao”. Hazme jadear como a una perra, quiero mearme en las bragas de gustito. Luego llamaremos a un colega para que remate la faena con un buen pollazo- Todo esto adornado con los lascivos movimientos labiolinguales. Mick Jagger en mujer.
Acto seguido unas cuantas constataciones testimoniales: pánico, angustia, descomposición, por un lado. Por otro, sorna contenida, cinismo a raudales y cierta satisfacción personal.

– ¿Qué ocurre chica? Se diría que te has meado antes que yo. Menuda corrida. Sé que soy arrebatadoramente sexy y suele ocurrir esto. No te preocupes, nena, en estas cosas del coño sólo cuentan los sentimientos, los prolegómenos y el clímax. Cámbiate de bragas y en otra ocasión será- .

No cabe duda, la verdad es una fuerza descomunal y arrolladora por sí sola, por extraño que, a veces, nos parezca. Cortar de raíz la hipocresía y la mentira es lo más prudente cuando uno no tiene ganas ni disposición de aguantar burdas mascaradas, cuando uno no tiene, siquiera, tiempo para dormir…

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