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Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos, III. “Fotografía artística”.

julio 8, 2015

Un cuento de pan y pimiento de brujas malas y otros esperpentos, III. “Fotografía artística”.

kamasutra

Su desesperada necesidad de encajar en un “perfil” sexy la convertía en un payaso delirante y absurdo. Ante sus bufonadas palaciegas su séquito de “aplaudidores” pedía más carnaza. Menos ropa. Más ludi. Unos para mofarse, otros para aliviar las “tensiones acumuladas” con una improvisada paja a dos manos, y otros, los más, para identificarse como acreedores de pragmáticos favores (fonda y comida gratis, invitaciones variadas, armario abierto, tasas…). Su voz, impostada, era tan grotesca como un polvo, con orgasmo fingido, sobre la tumba de un, viejo y rico, “Ex”. Transverberación allenniana. Pamela Peaks desatada. Su risa, aún más falsa si cabe, martirizaba los oídos, por curtidos que estuvieran, como si de una perdigonada de alfileres oxidados en un ojo se tratase. El eco de aquella estúpida fonética deformaba totalmente el universal concepto “voz humana” y el universal concepto “comunicación” : “memecelo, i love you, miminiaaaa, uu, memicelo hace miminiauuu”. ¡Qué desolador y bochornoso espectáculo! ¿Quién podría describir eso con espartana exactitud y tino? Buscando oficiantes y monaguillos de la extrema superficialidad e infinita estupidez, capaces de humillarse a sí mismos sin ayuda de nadie, encontré un Casting de Letificia Sabadabadeter de 1990, aunque este personaje no necesita de singular ocasión para mostrarnos su “talento”.

Miro el reloj y la calle desierta. La oscuridad se prolonga en cada esquina. Unos gatos en celo maúllan en la quietud del silencio. Es curioso, hasta sus maullidos resultan musicales. Tomo, nuevamente, asiento. El flexo proyecta un haz de microscópicas chispas luminosas sobre la mesa. Algunas partículas en suspensión bailan bajo la luz pajiza. Vuelvo a fijar la vista en sus fotografías con asombro y pena, pretendiendo, tal vez, que en un abrir y cerrar de ojos esas escenas pornográficas se desvanecieran en el éter. Pero las fotografías no danzan como las motitas de polvo hasta posarse o desaparecer. Cada cual se define, esencialmente, en lo que dice y hace, acaso parezca exagerado, pero es la tiránica verdad. Ella, con ese tipo de pornográficas fotografías, tenía la seguridad de ser mirada. El subambiente de fatuidad en que envolvía su habitación revelaba la propia decadencia y vacuidad moral. Sin duda, le obsesionaba lo licencioso y lo morboso. Herramienta útil cuando encontrar “cualidades” se hace ardua tarea o misión imposible. ¿Era pura provocación esa conducta? ¿era puro capricho? ¿imitación? ¿o era pura estupidez?… Fuese lo que fuese, aborrezco en extremo esa miseria interior, esa extrema futilidad. La única lectura, objetiva, de aquellas imágenes, quizás la única posible, era la absoluta futilidad.

Cortinas acanaladas y recias. Dibujos de anime y manga, realmente malos, junto con algunos posters de grupos musicales coreanos decorando la pared. Decorándola a ella, lencería minimalista. Minimalistas braguitas y sujetadores. Minimalistas tangas con “apelativos” mensajes. Minimalistas saltos de cama, combinaciones , bodys, picardías…Sus poses lascivas eran la guinda de su particular théâtre des Variétés. Un espectáculo representado a puerta cerrada para un “seleccionado” y “selecto” público. Una función que, vista con la perspectiva suficiente, se me antojaba totalmente angustiosa y demencial. El pretendido espíritu artístico de aquellas fotografías no engañaban a casi nadie. Desde luego a mí no. El arte está condenado a enfrentar al mundo. Y, sobra decir que ella tan solo enfrentaba “la crítica” favorable, la crítica babosa y servil de un grupúsculo de “ observadores y jugadores” de pulido prosaísmo. Fingimiento e inanidad: fórmula magistral. El memorándum conformado por el enorme montón de fotografías, notas manuscritas y patéticos vídeos reflejaba fielmente la vida de aquella cabeza seca. Tan seca que hubiese podido confundirse con el cráneo de la momia de Tutankamón.

Cadizfornication. Verano. Calle y fiesta. Noches abiertas a todos los apetitos de la vanidad, la promiscuidad y los excesos. En sus más locos espacios estos apetitos desenfrenados se despliegan como un siroco o levantera, contagiando, por doquier, su vehemencia y frenesí; poniendo al descubierto las más bajas pulsiones y pasiones: Capote, Embrujo, Barbacana, Boheme, Noha y alcohol, mucho alcohol. El alcohol, la música y el neón de color iban descomponiendo, trepidantemente, las inhibiciones; iban royendo, en su centro de gravedad, a todas aquellas fuerzas que siempre terminan por equilibrarse entre sí: hambre y ganas de comer, seducción y ganas de follar, placer de ocasión y tiempo de olvidar.
No hay mentira más atrevida que aquella que se esconde tras el disimulo. El disimulo es un arte de un empirismo funesto. Viéndola, no había lugar para la duda, sabías que era uno de esos seres que mienten tan rematadamente bien que te pueden convencer de que sentir intensamente equivale a amar (si puedes anular la conciencia de alguien, para que te siga más allá del bien y del mal, tienes una batalla ganada en tu cruzada particular, quizá para siempre). Así, sin el menor prurito y con ingeniosas mascaras, se zambullía en el corazón de los placeres dionisíacos.

Eva Registered & Protected
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