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Camino a Ítaca

septiembre 29, 2013

Camino a Ítaca428101eve

Con la noche, sin tener más perspectiva que la falsa tranquilidad, la ensoñación o el delirio, se está más cómodo y predispuesto para inventar imágenes. En un estado de dispersión y poseídos por un mundo que nos susurra su inexistencia se aprecia un tipo de magia embaucadora. Es inquietante y seductor descifrar esas imágenes que cuelgan de la mente y corazón, que sólo se quedan un instante despidiéndose luego como la visión de un sueño, a veces bello. Es la extraña forma que adopta lo bello cuando lo bello no tiene esperanza.
Ensoñación, mezclada con perfume y música y después belleza de luna nueva, irreal. ¿Quién sabría describir eso? ¿Quién sabría explicar qué hacemos juntando palabras en la madrugada en lugar de estar durmiendo? Es verdad que cuando la pasión te alcanza no hay manera de parar. Te arrastra, camuflada, a una especie de tornado mental que te hace permanecer en vigilia, muy alerta, cazando palabras que mariposean en nuestros ojos.
Dicen que es posible determinar la importancia de una ensoñación por la cantidad de palabras que usamos para describirla. La cantidad de sutiles matices que se derivan de esa creación abstracta y que a veces parecen dibujos en un lienzo. Pero no, no son dibujos que la voluntad de plasmarlos les hace persistir como garabatos en hileras sobre un papel necesario.

Nunca soñé contigo, sin embargo podía verte, olerte, escucharte susurrando o en estéreo y a todo volumen. Pero jamás, ni una sola vez, soñé contigo.

El concierto era muy ruidoso. Las notas zumbaban en los oídos queriendo perforar los tímpanos e incrustarse en la mente hasta poseerla por completo. Los acordes, más brutales, resonaban en la cabeza como pulsiones progresivas y metálicas que describían círculos concéntricos que chocaban, una y otra vez, contra el cráneo y retornan al cerebro haciéndolo tambalearse en su propio líquido. Una sierra eléctrica recorría la columna vertebral, vértebra a vértebra, haciéndote marearte como si hubieras pillado una gran cogorza o un profundo cuelgue hipnótico. Sientes que tus piernas han perdido sus músculos y se han vuelto amorfas, tan blandas como el chicle. Miras al escenario y ves un despliegue interpretativo espectacular, aunque no lo está haciendo para ti, él no lo está haciendo para ti pero es más que suficiente para hacer que el corazón crepite y se sacuda, aguijoneando el pecho temporalmente. Ese aspecto suyo es realmente encantador. Puedo apreciar la perfección de sus pies.

Hay cantidad de groupies. Deben creer que pienso como ellas. Todos creen que pensamos y sentimos igual que ellos. No tienen ni idea de lo ridículo de su razonamiento y comportamiento. La vanidad humana nos hace definir una versión de nosotros mismos. Fea las más de las veces. La competitividad es un simple síntoma de una locura tan individual como colectiva.
Competitividad. Competitivos ¿De dónde habrá sacado tanta gente la idea de que debe serlo irremisiblemente? Te lleva menos de un minuto entenderlo en realidad. El umbral de la fama, del triunfo…La gran hoguera de las vanidades.
Miro a esas chicas que vitorean, aplauden, gritan, saltan y ríen y en ese instante soy consciente de lo que significan mis reflexiones y mis más íntimas conclusiones. Uno se puede acostumbrar a todo, dicen. Pero en realidad piensas que jamás podrías compartir esa motivación que las anima, no porque las juzgues o no las entiendas, sino por el precio que se ponen a sí mismas. Creedme, cuando os digo que también tengo un precio. Pero hasta el mismo San Pedro me abriría las puertas del cielo para que su Dios me perdonase con ojos compasivos.
A partir de entonces intente pasar inadvertida, en cualquier concierto o evento musical, y tener un papel marginal, completamente marginal: simplemente música. Dejar que la música me poseyera y liberara mi espíritu. De sentirlo de otra manera sería una hipócrita. Si pudiera predicar, diría a todo el mundo lo que significa la música si la sientes con un alma pura. Brota del universo por sí sola y palpita en el milagro de la vida como si quisiera guiarnos más allá de las luchas de la propia conciencia. En caso de que fuera realmente así, todo se resolvería automáticamente…Y de no ser así seguramente serviría para hacernos la vida más grata, purificaría nuestros sentimientos, incluso los más infernales. Tal vez , quizá, una de sus misiones sea no dejarnos caer en la tentación de la insensibilidad.
No hace falta entender la música. No hace falta. Delirio, delirio, tal vez sea lo único que se deba entender o sentir. Ser la música.

La combinación de melancolía y de estar indeciblemente cansada, debilitada por las emociones sobrevenidas, me hacían delirar. Pero yo sabía que eso no podía ser, porque me encontraba justo al borde de un abismo donde una mente adormecida no puede reaccionar. Podía discernir que estaba viendo la respuesta. Una respuesta tan simple que parecía ridícula: seguir adelante. Seguir adelante, camino a Ítaca; el plan no es tan complicado when all is said and done… Puede que tarde un tiempo en encontrar las nuevas “instrucciones” de mi cabeza y corazón o en “comprender”, de verdad, mi papel en la vida. Es la acostumbrada recompensa de nuestro paso por el mundo.

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-09-28 03:16:42 – All Rights Reserved

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From → Prosa poética

2 comentarios
  1. Si en la última frase te refieres a que la recompensa de la vida es encontrar “instrucciones” o en “comprender”, creo que te equivocas.
    Al igual que la idea de competitividad es un lineamiento muy personal (vanidad lo llamas). Este razonamiento se extiende a todo, dado que toda manifestación humana parte del hombre. Entonces, todo misterio racional, sentimental o de cualquier índole, se circunscribe a la visión que uno tiene del hecho.
    Entonces, puede que nada, ni lo más sagrado, ni lo pueril es realmente un misterio. Que todo comprende una lucha por las causas erróneas. Enfocándonos, quizás la vida no va de encontrar “instrucciones” o “comprender”: la vida puede que sea un hecho. Un sucedió y es todo.
    Ahora bien, a mi parecer, esta característica es lo que hace de la vida algo tan extraordinario por ratos y tan absurdo en otros. Es que es un problema sin solución. Al menos, no una espiritual o cosa parecida. Su explicación quizás sea un complejo pensamiento racional y de probabilidad más que de una visión mística en cuya revelación se descifran los secretos de esta. El misterio la envuelve por completo y es su mejor característica y su peor defecto. Para las mentes y corazones fuertes, es un reto y para las que no lo son tanto, es una encrucijada, un castigo. Y por momentos, podemos ser fuertes y en otros, no tanto.
    Aunque, claro, puede que te refirieses a que la recompensa de la vida es el proceso, es decir, la “búsqueda de instrucciones” o el “tratar de comprender”. En este caso, ya no estaría tan en contra. Al fin y al cabo, cada quien es dueño de hacer de su vida lo que le parezca. Sea esta una búsqueda infructuosa, pero satisfactoria o la plácida ignorancia.
    Y también apoyo la idea de que lo único que queda es seguir, dado que no hay otra opción. Y sea que estés equivocado o no, es de seguro que la respuesta no está en “rendirse” o “parar”.

    Con respecto a la música, concuerdo. Muchas veces he pensado que la música es un producto tan genial que la individualidad de las personas que se dedican a ella, las mancha. Los hombres no pueden estar a la altura de las sensaciones que pueden llegar a provocar sus creaciones melódicas. Sus miedos, su vicios, sus virtudes, a través de la música, son divinos (por decirlo de alguna manera) dado que estos en su eco y a través de las individualidades de los que somos oyentes despiertas cosas dentro del hombre que están como secretamente escondidos. Pero el conocimiento de la persona, a través de un cristal de imparcialidad; los hace demasiado humanos. Ya no son más melodías que pueden abarcar una constelación de sensaciones, son sólo el resultado de algún ser no tan particular ni tan perfecto.

    El arte en general, en muchos casos, es el hijo perfecto de un ser imperfecto.

    • Te responderé con una de mis canciones fetiche:

      El hombre es un todo, mentecorazón, cuerpoespíritu y el todo siempre es mayor que las partes…tus fragmentaciones están muy bien argumentadas pero para llegar a mí, o mis escritos, no puedes fragmentarme… siénteme, piénsame, racionalízame y quédate con lo que te toca la fibra que sea… Bsos

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