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El amor transfigura 

septiembre 20, 2013

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El amor transfigura

A menudo encontraba pretextos para abandonarme, con placentero vértigo, sobre el viejo puente romano después de los largos paseos, sin rumbo fijo, por la ribera del tranquilo riachuelo. Siempre conducida por pensamientos empeñados en alargar sus mudas sílabas y reiterarse en el sonido del agua. Ahora ya nunca me encontraba sola. Su recuerdo me acompañaba siempre, invisible, como un susurro imperceptible y persistente. Cada uno de mis pasos parecía estar orientado por una fuerza caprichosa e inquietante. Había encontrado en aquella sensación de presencia ficticia algo imponderable y sugestivo. Una paz de precario equilibrio.
Ya no sentía esa amargura indescifrable del que acaban de quitarle algo extremadamente valioso. Procuraba no avivar en mi cabeza las llamas de un fuego interno que sintetizaba todos los enigmas de la vida. No habría podido soportar ese caótico remolino de feroces brasas que perseguían invadir mi alma, ennegrecerla, pudrirla, hacerla desaparecer como el húmedo hálito en un cristal.
Acariciada por las piedras disfrutaba del aroma embriagador de la tierra húmeda y me sentía ligera, muy liviana y etérea.
¿Hasta cuando? ¿Cuánto duraría aún este vacío interior? Me sentía incapaz de explicar por qué razón el silencio y la oscuridad me acechaban , a plena luz del día, para penetrar en lo más hondo del cerebro. Yacía allí impotente y entregada a una desidia que no significaba aniquilamiento del espíritu. Sin embargo no estaba dispuesta a perder el último bastión donde residía la esperanza brindada a los aquejados de un dolor recóndito y tan viejo como la humanidad.
Ladeé la cabeza y me entregué a los tibios rayos del sol. Pocos segundos después mi corazón estaba repleto de confusas emociones. Quería huir de ellas a toda costa.
Vacío. Vacío, liso y ceñido cual corpiño. ¿Sería cierto que estaba tan vacía? Era muy reducido el espacio interior que podía abarcar con los ojos del entendimiento. ¿Cómo iba a poder responderme a esa pregunta? ¿Sería posible aunque quisiera? …
Sentía todas las vísceras envueltas en una espesa humareda y un intenso olor, entre dulzón y acre, de hirviente sangre. Notaba cohibido ese minúsculo músculo llamado alma. No soy capaz de dominarme. La voluntad me colgaba inerte como un miembro cercenado. Presentía, sin duda alguna, que jamás podría burlar la zozobra producida por el riesgo de abandonarse a otro ser. La seguridad era algo más que una necesidad natural que latía en el fondo de nuestra humana naturaleza. Experimentaba la sensación de tener que reconstruir todos los puentes que, de hito en hito, parecían mirar al abismo inverosímil de la desnuda y frágil realidad del hombre: necesitamos prolongarnos en el amor. Encontrar la vida bajo sus alas. Conjurar los negros espectros de la noche. Liberar el corazón de su triste confinamiento y de la pesada carga de sus solitarios secretos. Descubrir en el camino a ese singular caminante y compañero de felicidades y aflicciones , de alegrías y pesares, de sonrisas y suspiros…
Es curioso el barro, el anhelo y ansiedades que esculpen y moldean nuestros cuerpos. Su poder nos ata a otros cuerpos, más allá de la piel , las células , los nervios y los fluidos.
En mi fuero interno escuchaba el reiterativo musitar de la vieja sabiduría de místicos profetas: el amor transfigura. El amor transfigura, el amor transfigura, el amor transfigura…
El amor corona con laureas hojas y crucifica con palabras sin raíces.


Eva Registered & Protected
© copyright 2013-09-19 22:06:12 – All Rights Reserved

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From → Prosa poética

7 comentarios
  1. ufff

  2. Qué bonita coincidencia volver a este blog tras tanto tiempo y justo en el día en que decidiste publicar una nueva entrada. Cómo he podido estar tanto tiempo sin tus preciosas poesías y engarces de vocablos olvidados.
    Me quedo con esta línea:
    “Liberar el corazón de su triste confinamiento y de la pesada carga de sus solitarios secretos.”
    Y con las ganas de poder conocer por mí misma a una mujer tan profunda y dulce.

    ¡Saludos!

    • Gracias Siliah, Bsos

  3. nebulosasentuiris permalink

    ¡Por fin! Después de tanta posmodernidad por las calles de Madrid leo un ‘Necesitamos prolongarnos en el amor’
    Bravo Eva, este escrito es de mención.

    ‘Encontrar la vida bajo sus alas…’
    Hay… L’amour est un oiseau rebelle.

    Qué bueno volverte a leer.

    • nebulosasentuiris permalink

      Ay* (Debería estar penado cometer faltas ortográficas ante tamaña excelsitud lírica)

      • David, poca gente sabe que camino por el mismo cauce del riachuelo, que aparece y desaparece, en esta estación, muchas veces… (Bueno, lo sabe Arus, que hasta debe tener fotos del lugar (elegido para acampar y observar las perseidas). Supongo que es mejor no tener que explicarlo y centrarme el el ideario colectivo “normal”…

  4. como lo se por eso solo puedo poner uff, y si, tengo las fotos del riachuelo

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