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Raíces

junio 12, 2013

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Raíces

Había notado ya en otras ocasiones que durante mis paseos solitarios, cuando más necesidad de permanecer a solas con mis pensamientos y reflexiones tenía, era observada por hombres que permanecían a escasa distancia, fijando sus miradas lascivas en alguna parte de mi rostro, cabellos o cuerpo. Tenía la impresión de que aquellas miradas me desnudaban. Esa sola idea me parecía insoportable.

A veces sostenía, altanera y despiadadamente, durante unos instantes, la mirada del desconocido. Contemplaba su cara y saboreaba el penoso bochorno que se reflejaba en él. Luego proseguía mi camino y su rostro, todos los rostros, volvían a desaparecer como nubes bajas que se van alejando. Volvía a mis reflexiones y escondía en el fondo del alma las ideas más lóbregas y tristes; ahí persistían sin declinar, ahí se fundían con mi propia sangre descorazonada y oprimida por la angustia.

Un banco solitario, olores y contornos de árboles. Siluetas de arbustos que parecían fundirse con mis indescifrables sentimientos. Olores que evocaban una terrible soledad. Iba dándome cuenta de que estaba indeciblemente sola en esta ciudad aletargada y superflua. Hilvanaba mentalmente las sonrisas forzadas y las conversaciones sin interés alguno. Esa compañía jamás representaría consuelo al que aferrarme. Cerré los ojos con fuerza y sentí con total claridad esa certeza.

Era tan diferente, tan lánguido y maduro. Su conversación tan fluida y elegante intelectualmente. Su recuerdo, reiterativo, de tanto en tanto me jugaba malas pasadas en la memoria, parecía negarme la generosidad suficiente para justificar su elección: marcharse muy lejos. En esos traicioneros momentos sentía una inmensa lástima de mí misma. Una implacable soledad que me sumía en un total abandono. De aquella tristeza surgía un lado oscuro, una fuerza escondida, de la que, por ahora, no quería tirar. La oscuridad del alma es como una obra de arte fina y experta. Pero más allá de todo aquello la misma naturaleza continuaba murmurando, en alguna parte de mi cabeza, que no era él quien me privaba de que parte de mis sueños se realizasen. Ese pensamiento se quedó detenido en algún punto ciego del cerebro.

¿Quién sabe si la conciencia llega a disputar en serio contra el amor propio? Olvidé mi inquietud y me cobijé en palabras amigas. Odio las despedidas. Lágrimas, palabras mudas, pensamientos aprisionados, emociones misteriosas, ofrendas y fetiches. Después el gran hundimiento. Las llamas de un fuego que glorificaba lo que una vez había sido presente y que ya no nos pertenecía. Contingencia, eso es estar en este mundo. Así debe ser, sí, las cosas son así, así deben ser.

¡Qué primaveras! Solté una carcajada al comprobar que el bien y el mal estaban mordiendo mi hígado. Había descubierto una enfermedad nueva y desconocida que sin duda me obligaba a ordenar mis principios y valores. El descubrimiento de esa fatigosa enfermedad llamada conciencia, cual objeto ajeno y pesado, relampagueaba en mis ojos.

Nada ni nadie podía servirme de guía para orientarme hacia lo correcto. Tropezaba una y otra vez con sentimientos encontrados y misteriosos que horadaban la inocencia que persistía bajo mi piel, en alguna parte del cerebro, del corazón y de las vísceras. Me consolaba formulándome preguntas sobre mis sueños y anhelos. Sobre lo hecho para llegar a ser quien era. Recordaba sus incisivas palabras: “no tienes metas”. Algunas lágrimas, desbocadas empecinadamente, resbalaban por mis pestañas hasta las mejillas.

Permanecí en ese aparente abandono largo tiempo sintiendo el pecho atravesado cruelmente por un agudo dolor, mientras tanto el tiempo pasaba sigilosamente. Después de mucho rato me di cuenta de que la tarde se tornaba somnolienta, con matices de claroscuros apenas perceptibles. Intentaba liberar mi conciencia, en vano, de ese veneno que penetraba hasta las entrañas y hacía silbar mi respiración y la voz temblaba en la garganta sin llegar a romper en llanto o palabra. Era un duro combate, sin duda alguna, muy similar al que cientos de años atrás libraran por sus vidas los gladiadores más avezados y diestros del imperio romano. Toda mi estructura ósea vibraba en negrísimos zigzagueos. Las vértebras crujían como invisibles rocas calcáreas. Las costillas oprimían mis pulmones asfixiándome pasivamente. Vivir o morir, no había alternativa.

La vida es dura, un duro viaje en el que encontramos seres humanos tan diferentes… Ahora pensaba, con la suficiente perspectiva, sobre la vida humana. Sobre mi vida. Los lazos con mi antigua vida se habían roto, deshilachados en un confuso torbellino enmarañado. Sin poder explicarme porqué, sospeché que era hora de despertar y volver a ser la muchachita valiente y confiada de siempre. Vivir.

Caminaba sin rumbo cuando tropecé con la tranquila y bella expresión de aquellos ojos, cuya mirada parecía venir de muy lejos. Una mirada así, franca, honesta, sincera, dulce, puede penetrar hasta el tuétano. Ambos sabíamos que nos estábamos observando mutuamente. Un paseo agradable aunque breve. El azar y el tiempo habían volado sobre ambos con una velocidad inusitada. Procuré no medir el efecto de ese encuentro en mi espíritu, ya más tarde, analizaría y evocaría con detalle el efecto producido en mi ánima. Buscaba este bálsamo cultivando con cariño esas agradables sensaciones, era como soñar despierta, como dejar las ventanas abiertas para que penetrara la refrescante brisa. No me encontraba allí por pura casualidad pero me había llevado algo más que una decisión propia. El destino arrolla todo a su paso; especialmente cuando no nos permitimos cambiarlo, cuando no tenemos el brío, el carácter, el valor, la entereza o voluntad de querer cambiarlo.

Los acontecimientos de las últimas semanas habían removido todas mis más profundas raíces. La subterránea oscuridad comenzaba a disiparse. Los sueños, que siempre eran una forma de vigilia, volvían a regalarme su acogedor silencio. Poco a poco mis ojos se llenaban de estrellas estivales que brillaban con una claridad celestial. Tras su mirada apacible se adivinaba la energía vital de la naturaleza más profusa.

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-06-12 18:08:10 – All Rights Reserved


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9 comentarios
  1. “Sin poder explicarme porqué, sospeché que era hora de despertar y volver a ser la muchachita valiente y confiada de siempre. Vivir.” La mejor parte sin duda

    • Gracias Arus, Bsos ^o^

  2. Increíble como siempre, leerte. Suerte tiene esa persona que puede mirar a través de tus ojos y entonces percatarse de cuán grande puede llegar a ser la belleza de un alma. No tengo mucho tiempo para contestarte como es debido, pero al menos he podido leerte y como siempre me sorprendes. Podría releerla muchísimas veces…

    • Gracias Carlos, ya conoces mi debilidad por Dream Theater…yo, comienzo a vislumbrar tu sensibilidad y belleza. Bsos ^o^

  3. nebulosasentuiris permalink

    Sin duda Eva, te consagra la prosa (aunque tu poesía es buena, creo que tu habilidad narrativa la supera, pero vamos… Es mi opinión, no la tomes en cuenta)

    El caso es que mientras te leía, ciertos párrafos que se me antojan apologéticos del costumbrismo adolescente me recordaban a una de las películas del estudio Ghibli (Ya sabes, Mi vecino Totoro, El viaje de Chihiro, El castillo ambulante… Entre otras maravillas de la animación), ‘Susurros del corazón’. La cinta nos muestra el dilema de los sueños adolescentes, el amor… En definitiva, de las tribulaciones banales de la vida de cuando uno es joven. Sin embargo, si se tiene la sensibilidad adecuada, se puede hallar un valioso tesoro en esta película. Te dejo el link convencido de que te encantará: http://peliculasfox.com/susurros-del-corazon (Imagino que aprecias el cine de animación japonés)
    A lo demás, que decirte… A mi no me suelen mirar los hombres por la calle (a no ser que salga con mi bata de raso a tirar la basura, entonces hasta las encinas se retuercen jaja), pero comparo todo lo demás, sin vacilación.
    Un saludo Eva!

    • David eres mi amor platónico XDD. Tienes una habilidad para descubrir cosas que apabulla , como mi faceta friki XDDDDD.
      En cuanto a los amores adolescentes, pufff, nací vieja, no te olvides!¡ simplemente me adentro en el alma que me es más familiar, pero mi intención es mostrar la condición humana sin máscaras. Expresar lo mejor posible los terribles combates internos/externos y todos aquellos pensamientos que parecen rellenar nuestras luces y sombras, claroscuros incluidos.

      Lo de la bata es antológico si vieras la imagen que se me ha venido a la cabeza…joppp que te la muestro :

      PD: eres capaz de enamorar con mucho más que la apariencia….y lo sabes

      • nebulosasentuiris permalink

        Vale, al hilo del vídeo te debo una explicación… Tu también me has calado.
        La historia de la bata de raso: Resulta que en una de estas tardes anodinas que un chico acompaña a su madre de compras, en un emperifollado outlet del Corte Ingles, aguardaba una prenda que de valer 200€ pasó a valer unos asequibles 12€. Evidentemente se me planteaba un problema, ya que la prenda era de mujer, y el estampado canta, créeme. No obstante no pude resistirme a las trampas del capitalismo y me compré aquella prenda tan hortera (con el tiempo la he llegado a amar)
        Así que, si, bonus para ti, me pillaste, bata de raso, y de mujer. Todo un espectáculo.

        Qué posdata tan inquisitiva. Pero pese a la hermosura que aprecio y que atesoro (y que sabes que te la devuelvo), las palabras también son apariencia… que no lo digo yo, lo dijo Platón.

      • Apariencia/Realidad, no son paretos inevitablemente entremezclados?¿
        Solo rozamos la esencia, y no es poco, pero hay que saber mirar con ojos hondos…Por otra parte decía Séneca: “El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios”

        A pesar de internet eres auténtico, mi sexto sentido marciano me lo revela XDDD

        PD: me encanta la anécdota de la bata jajaja, ya te contaré una de la playa de Bolonia, Cádiz….XDDDD

  4. tocas de manera certera en lo más profundo de nuestras pasiones, como cuando una mirada pasa de ser un evento desagradable a algo que todos deseamos, no, seguramente no es una coincidencia sino tu capacidad para dejarte sorprender por las cosas que acompañan tu vida, la memoria es siempre el mejor de los argumentos de nuestras historias y uno se encarga de de-formarlas a placer. Me gusta como escribes, demuestra tu calidad literaria y al mismo tiempo evocas todos los tiempos que hemos vivido y me sorprendes gratamente al punto de pedir que es lo que sigue porque no puedo más que seguir leyendo-te….tal vez no sea mala idea leer tu anécdota de playa de Bolonia…

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