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Flores de Hielo

mayo 28, 2013

neige

Flores de Hielo

La noche caía ya y la oscuridad iba envolviéndolo todo, lentamente, con su manto cuando comencé a pensar que las más bellas flores pueden quitar la vida. Una tenue capa de nieve pintaba el paisaje de un blanco hipnótico. El silencio se podía oír conversar con las primeras florales hojas que pugnaban por mostrar su aspecto y color. El silencio de los pájaros, escondidos, también se dejaba notar en el aire. Eran sonidos apagados que avanzaban con dificultad sobre la penumbra y la nieve virgen.

Comenzaba a nevar, copos blancos revoloteando y embellecimiento el soñado paisaje.
Copos de nieve: una cosa tan efímera y bella y tan fría. Confíe en el calor de mi cuerpo para permanecer mirando al cielo y al suelo. Siento escalofríos que me hacen agitarme. Mi espalda tiembla y el temblor se asoma hasta el fondo de mis riñones.
Oh Dios, déjame vibrar y tiritar y estremecerme ante esta presencia cautivadora de la cólera del hielo y la dulzura del veneno carnal. El frio curte la piel y consolida los huesos. Despierta en mí sentimientos de demencia y embriaguez. Aviva los sentidos y mis ensueños. Me hace creer que tus manos me abrazan y tus ojos seducen mi piel alcanzando los músculos y los nervios de forma lasciva. Ardor que corta el aliento, como el humo de las fogatas de Febrero, sobre la que los jóvenes giramos y danzamos; nos tensamos felices al igual que las cuerdas de una cítara furiosa o violines indomables.
Mi respiración se entrecorta, aprisionada por sentimientos en construcción. Canto como las ondinas fabulosas que van de un océano a otro, virando sobre sí mismas de forma provocadora y sinuosa. Los cabellos destellantes alzados, como velas, por los vientos.

¡Acaríciame hasta el final de mi fantasía! Derrama, de nuevo, ese aceite milenario sobre mi cuerpo y déjalo chorrear sobre mi piel como una roja tempestad crepitante que se va consumiendo al saciarse en la propia fuerza desplegada; y luego, nuevamente, arrecia con estruendo, enloqueciendo al reunir sus últimos excitantes chisporroteos.
Abrásame, hasta hacerme arder en el fuego que arrasa el alma y, así sabré, que finalmente la ternura y la pasión no fueron una mentira que cubría espacios para acortar el tiempo. Ese tiempo que no cesa de remar.

Me siento y miro al frente, al horizonte, tan vasto como el mundo que ya se va volviendo invisible a mis ojos. Mi mente si puede ver donde estoy. De hecho, recita a Aleixandre: ” Quiero saber si la noche ve abajo cuerpos blancos de tela echados sobre tierra”…
No tengo nada más que hacer. Todo está dicho. Todo será como debe ser: no habrá despedidas. Tengo insensibilizadas las yemas de los dedos, a punto de quebrarse como hojas secas cubiertas por una película de hielo. A mi alrededor todo es silencio, elástico, rígido y frágil como los mismos copos de nieve que descansan sobre la tierra. Qué curioso misterio: no hay dos copos de nieve iguales, como las personas. Todo es silencio blanco.

¿Quién viene a este puente de hierro a soñar despierto? Nadie. Siento un escalofrío prolongado hasta la raíz del coxis. Es como un gemido del hueso descarnado que llega hasta los dedos de los pies y me obliga a girar. La vida en mis venas se enlentece, parece haberse congelado. Mi sangre ha cristalizado: cristales transparentes de corte limpio y perfectas simetrías; afilados y listos para rasgar los velos de Isis, mi memoria.

Mi corazón latía como un tambor, lo recuerdo. Hablábamos, allí, en aquél parque amarillo. Nuestras palabras se han ido desvaneciendo. Nos dijimos algunas frases poéticas y nos dedicamos algunas lágrimas. Me pasó la mano por el pelo. Un movimiento que terminó con una caricia en la mejilla y un beso en mis labios congelados.

Toca para mí esa melodía dulce con la que mis fantasmas se alejan. Toca para mí, esa canción que convierte el dolor en alegría desbordante y las pesadillas en sosiego y descanso. Toca para mí la música de los sentidos. Toca para mí esa sinfonía en la que nuestros corazones latían al unísono y descubríamos la ternura. Toca para mí las últimas notas libres, como un regalo único e irrepetible. Las últimas notas afiladas capaces de cortar el cuerpo en dos. Hay flores que pueden quitar la vida…

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-05-29 00:20:22 – All Rights Reserved

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From → Prosa poética

2 comentarios
  1. nebulosasentuiris permalink

    Me ha encantado: ‘Qué curioso misterio: no hay dos copos de nieve iguales, como las personas. Todo es silencio blanco.’
    Y el último párrafo, qué bárbaro, que fuerza.

    Esas flores de hielo… Tan efímeras, tan mortales. ¿Cómo nos hacen sentir tan vivos?
    Un saludo Eva!

  2. David, tal vez tengamos que aprender de la vida “palabra por palabra” todo lo que no hemos “sembrado” o “domesticado”…lo que los conceptos, sueños y ensueños camuflan…
    Bsos ^o^

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