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Nubes y Rosas

mayo 27, 2013

Hijas de Eva

Nubes y Rosas

Mi primer camino fue alejarme de cualquier mentira y de las promesas sin sentido. No comencé buscando una tierra de promisión donde hallar una vida opulenta, notoriedad o reconocimiento. A mi edad la vida suele ser más simple: no se piensa en las cosas exultantes que ofrecen los sueños, ni en tragedias. Solo los mayores abarcan la tragedia en su totalidad.

Ser mayor no es tan fácil como parece, hay que entrenarse para fallar lo menos posible. Los mayores están condenados a enfrentar el mundo tal y como es. Alguna vez, cuando reconstruyen su verdadera historia vital, sin prejuicios o falsos pudores, sin excesivos anhelos o entusiasmos, sin esquirlas de viejos resentimientos, ni torpes vacilaciones, nos revelan el fulgor y la decadencia de la existencia humana y sus vicisitudes.
Trabajos, más o menos gratificantes, tras los que suelen subyacer sueños destrozados. Poner el suficiente empeño en el trabajo podía, o no, tener sus recompensas, pero los símbolos sociales del éxito, de casi toda una sociedad, como escaparate no sirven para determinar el nivel de felicidad alcanzada. Las cosas acumuladas no sirven para diagnosticar el estado del alma humana.
Más cosas acumuladas, normalmente, significaba una sentencia: más esfuerzo y dedicación, trabajar más para tener más y mantener el estatus social. Algunos tienen lo que buscan en esas apetencias materiales, otros se aniquilan a sí mismos. Sería necesario convivir con estos hombres y mujeres para conocer sus más íntimas emociones, sus más silenciados sentimientos, sus más recónditas desesperanzas. El tiempo pasa y la oscuridad grisácea de la cotidianidad deja un rastro indeleble, solo perceptible para los que saben observar, sus rostros, sus miradas…
Llorar para los adentros se aprende, como se aprenden los valores que nos guían, como se aprende la dignidad…Los mayores también se quiebran en su propia militancia, pero sus motivaciones e intereses deben estar fuera de toda sospecha: es la única forma que tiene la socialización, domesticación cultural, de dar verdadero sentido histórico al absurdo al que nos condenan.

Comencé a preguntarme por la muerte, la finitud y el sentido de la vida hace demasiado tiempo. Nací vieja.
He husmeado en muchos libros y lugares sobre la condición humana y la existencia, con todas sus dudas infames. Muchas veces me sobrepuse al escepticismo y la desesperanza para no entrar en una pendiente de desgarradora melancolía. Encontré un asidero real para llenar los espacios en blanco de mi vida: los libros, la escritura, la creatividad en sus múltiples facetas y formas. Eso me acercaba a intelectuales, mayores, y me alejaba de la gente de mi edad, con todo lo bueno y malo que ello conlleva: vivir en la penumbra, ante montones de papel virgen. Escribir es una pasión solitaria. Los problemas, que esa pasión suscitan, también comienzan en la solitaria penumbra. No puedes satisfacer a todos. Esos amigos que tienen la urgente necesidad de salir, golpear portales o reír con ingenuidad ante una película de terror se sienten abandonados.
Me consuela pensar que para quienes me conocen, esta confesión no necesita de introducción o pormenorizados detalles. Entristece pensar que otros me sientan fría, lejana e impersonal. Parapetada en una fortaleza custodiada por santo y seña. La fortaleza de la Reina del Hielo.

Aunque parezca insólito, por inesperado, una declaración me ha golpeado el pecho. Decidí, sin embargo, no hablar sobre ello, sobre esta confidencia sobrevenida. No contestar por ahora. Es mal momento. Un momento demasiado agitado y tormentoso, tengo que pelear por mi propia vida, para desatornillar los ejes del corazón; desnudarlo, abrirlo, verlo palpitar y percibir el vértigo de las emociones confesadas con una valiente y honesta sinceridad.

Es una de esas personas que sueñan con un mundo mejor porque el suyo está teñido de soledad acompañada y ovaciones que hacen sacudir el cuerpo entre espasmos: espectáculo. Después fingida felicidad. No preocuparía a nadie, menos a los que lo quieren.
Su confidencia está en mis pensamientos más íntimos; y el silencio, mi silencio, aún impregna el ambiente. El tiempo merma, pero necesito tiempo. La reciprocidad es una ley natural. El resto del mundo no entra en esta especie de resonancia mental casi cristalina. Todas las palabras dichas están en un lugar donde lo bello perdura y no muda. Quizá nuestras vidas están gobernadas por pequeños azares de los que no somos dueños. No se puede controlar lo que emana de la rosa corazón. El verbo se encarna en el corazón, pero nadie se da cuenta. El aroma de esta flor es enervante cuando está en su cenit. Las emociones no tienen remisión, como el verbo, y he visto como él mismo se convertía en verbo, sangre y mente…
¿ Y ahora? Es necesario comerse el silencio. Hablar sin la desventura del dolor. Un abrazo a medida. Un paseo por las nubes, o por quién sabe dónde…

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-05-27 18:31:22 – All Rights Reserved

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3 comentarios
  1. Impresionante!!!!

    • ^o^ gracias Sergio!!!!! Bsos.
      Estoy deseando terminar los exm para comentar a todos los amigos/compis blogueros…

      • Suerte con tus examenes amiga.. 🙂

        saludos!!!

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