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Tiempo de vuelapluma

mayo 21, 2013

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Tiempo de vuelapluma

Ya no sentía dolor. Nada podía herirla. Había perdido la rabia y ese odio espeso que quema el cerebro hasta hacerlo convulsionar.
Empezaba a darse cuenta de que ya había traspasado, de nuevo, al otro lado de las cosas. Nadie puede vivir en el lado oscuro. Nadie puede conversar con los muertos. Al final terminas siendo consciente de su inexistencia. Aunque consiguieras detener el tránsito del tiempo no lograrías esconderte en un hoyo de tumba todavía sin cadáver.

El insomnio te hace avanzar perdido y vacilante. Te engaña, te hace sentir que miras al futuro sobre algo sólido mientras permaneces en un lugar en el que no encuentras lo que buscas. Un lugar en el que no puedes medir ni el tiempo ni la distancia que recorres con la mente. Todo funciona por impulsos que terminan rompiéndose en pedacitos que no reconoces. Pedazos de sueños fosilizados que empantanan la sangre. Ves cómo trastabillas con ellos e intentas aplastarlos contra el suelo. Como si con ese gesto tuvieras la seguridad de que la vida continuara presente en ese cuerpo amodorrado y lleno de nervios que a veces muerden.

Lentamente me fui acostumbrando a la presencia de las paredes. Recuperaba la mirada respetuosa a ese rojo sensual y comprendí que al menos me quedaba algo: dibujos, esas figuras misteriosas que inspiré.
Me incorporé y me senté en el escritorio, como poseída por una pizca de amor propio. Lentamente me fui centrando en el tacto tranquilo y suave del papel. Un pellizco sobre el ombligo, que hacía tiempo no sentía, guiaba mi mano: vuelapluma.
Que unos cuantos folios me alentasen sin pedir nada a cambio me resultaba tan irónico como irresistible. Tampoco es tanto lo que ofrecen ¿no? Casi todos los artistas suelen malvivir o morirse de hambre. Solo los mejores se ganan bien la vida. No quería pensar. Tenía que silenciar esa voz, esa pequeña y furiosa llama interior, escribiendo; pero al mismo tiempo sentía el impulso de salir corriendo y alejarme de aquellas ideas y sumergirme en la profundidad cálida y oscura del más profundo sueño.

En mi cabeza se confunde su voz con la de un profeta que quiere conquistar el universo desde el púlpito. Es su utopía y supongo que no tiene otra mejor: dejarse invadir por notas y sonidos que espanten la ferocidad de los recuerdos y las elecciones tomadas. Debe ser una forma de dicha y felicidad. La construyó a su gusto como una torre de marfil sin puertas ni ventanas, solo escaleras por las que nadie sube o baja, solo él, él a la espera de un ángel, bien aparecido, que venga a revelarle la verdad y sus eternos secretos.
El sabor del pasado es irrecuperable. Todos recorremos trayectos escarpados y sinuosos que no sabemos dónde nos llevarán. Buscamos y rebuscamos, instintivamente, el ser que fuimos en un momento de ese recorrido. Para el momento no servía de nada. Era inútil lamentarse: sabíamos, de sobra, que ese ser se había quedado en alguna de las tantas rutas por las que había pasado. La vida es demasiado corta y no vale la pena llorar lo que pudo haber sido y no fue. Anhelamos ese justo instante en que no supimos hacer lo que el corazón nos demandaba. Después siempre es demasiado tarde y tan solo nos quedan recuerdos vagos. Cuerpos vaciados de alma que se defienden a duras penas de lo engañoso de la realidad y de verdades que necesitan ser recubiertas por completo por extensiones famélicas de ADN. Todos recurrimos a lo mismo ligeros de ropajes, pretendemos perpetuarnos en otros cuerpos que tengan algo de nosotros. Mientras nuestro llanto se va ahilando hasta convertirse en un ligero e inaudible sollozo. No hay que llorar. Toda la angustia del mundo no serviría para expresar la resignación o abnegación más escondida en el hoy.
Han pasado y seguirán pasando los siglos y el hombre seguirá escondiendo sus verdades para acercarse más y más a ellas,tal vez para alejarse más y más de ellas…

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-05-21 14:58:13 – All Rights Reserved


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From → Relatos

2 comentarios
  1. Narrativa muy poética. Tus pensamientos son interesantes… y poéticos.
    Hola Eva, por cierto, hace tiempo que no te saludaba y menos, dejaba un comentario. Te he estado leyendo, pero creo que la vida te ha absorbido en una de sus calles y tu presencia por aquí es menor.
    No te lo reprocho, ni mucho menos, sólo te extraño. En mi caso es igual, también estoy lejos, pero trato de pasar siempre por aquí a dejar algún testimonio sin importancia.

    • Es mutuo, leo tus entradas en el móvil y a veces me haces temblar….ya me queda poco para terminar y contestar muchas cosas atrasadas… Bsos ^o^

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