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Pensa-vientos del Sur

mayo 10, 2013

adios

Pensa-vientos del Sur

Esto, seguramente es algo más que un sentimiento estúpido, decidido seguramente, a irrumpir en mi vida, a suscitar algún poema o algún borrón monocromo aprisionado entre líneas de papel guarro.

Hay una energía vital, una corriente electromagnética que sacude mi seso y mis vísceras, transformándome, purificándome, revitalizándome, haciéndome vibrar sobre esta ciudad en la que tengo raíces tan profundas.
El sentir puede revelarnos muchas cosas acerca del pensamiento y el espíritu .Su silente caudal, aparentemente sin sentido, puede sumergirnos, maquiavélicamente, en una embriaguez romántica y lírica donde refugiar la sangre temblorosamente viva.
Los sentimientos destilan su propio veneno. El mismo familiar y arcaico veneno, con sus frescos aromas, que termina invadiendo por completo la piel de la carne y el alma.
Este conocido pálpito está, de nuevo, ahí, al alcance de mis manos, enmarañando mi mirada y cortejando el añil del cielo.
Ahí está también esta ciudad que mira hacia el río y vuelve la espalda a los hombres que se sientan en el muelle de su soledad. La ciudad no reconoce dominio alguno. Aquél que quiere ser su dueño corre el peligro de pagar cara su audacia. Ella es un organismo vivo que penetra, sin violarlos, en los cuerpos de sus habitantes. Trazando itinerarios que hacen sangrar las células más recónditas y almenadas. Desplazándose con movimientos ágiles, ondulantes y libres. Sosteniéndose en el pulso de la propia sangre como en total ausencia de gravedad.
El rojo de la sangre es un espejismo que va horadando, en su propio gorgoteante jadeo, el cerebro y calavera. Al punto de transformarlos en una ventana que deja traslucir la rutilante claridad de los cielos del Sur. Sevilla.

Seguramente el porvenir no está en el Sur. Quizá tampoco más lejos. Hay demasiada gente en las ciudades y cada uno las va imaginando a la medida de sus sueños, de sus anhelos, de las propias ambiciones.
Y seguramente muchas ambiciones han pasado por estas calles fascinantes como aventureras codiciosas, emergiendo de la más intima coraza humana: el tuétano. Miríadas de hombres habrán fracasado y habrán renunciado, secretamente, a ahondar en sus heridas, a menudo recubiertas de letargo; economizando cada gota roja y densa, economizando cada aliento y lágrima, cada palabra oscura que bajo el silencio de la noche amenazara su descanso. El sueño siempre concede una tregua a cualquier agitación febril de la naturaleza que sea.

¡Cuantos miedos¡ cuantos miedos aparentemente vacíos inscritos en la naturaleza humana. Tallando cada llaga en su ritmo secreto y constante. En cuanto la ciudad calla la angustia se espesa. Se prolonga invadiendo el exactísimo y secretísimo lugar donde el hombre se permite llorar mansamente. Ilusoria quietud.
El tiempo siempre engaña al mundo. Un hilillo de esperanza nos mantiene con el suficiente vigor para levantarnos cada nuevo amanecer. Aún descalzos nos asomamos a ventanas y terrazas intentando ver la tibieza de esos rayos de esperanza.

¡Una roca, sostente como una roca! Una roca catedralicia. Ese es el modo de ser y hacer las cosas, esa es la actitud. Sacar pecho y mentalizarnos de que nuestra voluntad y valentía nos abrirán esas puertas de cierres oxidados llamada futuro.
Esa es la forma de vivir en pie: alzar al cielo el mentón y dedicarle una mirada penetrante. Levantar, lo suficiente, la cabeza como para recolocar cada vértebra cervical y poder mirarnos al espejo. Seguir reconociéndonos, un poquito al menos, en él. No sabemos de qué material estamos hechos, ni siquiera estamos acostumbrados a preguntárnoslo. Una especie de bruma cultural nos acompaña gran parte de nuestras vidas y nos hace más opiáceo el camino de las preguntas sin respuesta. ¡Bueno, tampoco se trata de eternizar nuestras miserias! Siempre se agradece la compañía de los otros, anestesiados por este pensamiento y arrastrados por esa modestísima alegría que rechaza de plano cualquier atisbo de tristeza. Así cargamos nuestro propio sino.
¿Acaso somos nosotros los que dictamos las imperceptibles leyes del Universo? Nunca ha sido así ¿No lo adivinas?…

Eva Registered & Protected
© copyright 2013-05-10 14:44:03 – All Rights Reserved

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From → Relatos

3 comentarios
  1. nebulosasentuiris permalink

    Me recuerda a esas ‘decisiones sin querer’ que continuamente nos someten.
    A propósito del sometimiento, esa última cuestión: ¿No lo adivinas?
    He de confesar que se clavó en mi mente como un puñal, a ver si puedes aliviar el dolor:
    Cuando te refieres a adivinar, ¿te refieres a predecir? ¿O a vislumbrar lo verdadero? El caso es que se presta muy fácilmente a un ejercicio infinito de hermenéutica, así que espero que me saques de la duda acerca de lo que realmente quieres decir.
    Un abrazo Eva.

    • Volvemos a lo de siempre, David: conocer al hombre, conocernos a nosotros mismos: hacemos exégesis de nosotros mismos basándonos en las pautas marcadas por los primeros filósofos.
      Es cierto que ahora tenemos otras ciencias y disciplinas dispuestas a hacernos una autopsia completita, lo curioso es que la misma ciencia enfoca al hombre y actúa como “medida y factor de su desarrollo”, complementa la cultura y hasta hace las veces de esta, no siempre es bueno. La ciencia es formadora de modo de pensar y carácter de la actividad del hombre e influye en todas las demás formas de “conciencia social”, pero al mismo tiempo, está bajo la “influencia” de otras esferas culturales e históricas.
      La filosofía puede desempeñar un papel clave, junto con otras ciencias /disciplinas sociales, en el desarrollo histórico del hombre. Hacemos esfuerzos ingentes por buscar “generalidades” que nos acerquen a la verdad de nuestra naturaleza, he ahí la primera incoherencia: hasta la fecha no hemos podido encontrar suficiente “entidad” para describir nuestra naturaleza por partes, para abordar verdad/falsedad sobre nosotros mismos de forma euclidiana ( y eso que el teorema ha sido demostrado de forma concluyente).
      Vemos que la verdad nos preocupa, pero también vemos día a día que los individuos, personalmente, regresan a la religión en busca de explicaciones concluyentes o consuelos metafísicos…si sobre la existencia de Dios, pueden caber dudas razonables ( cuando observamos el comportamiento del Universo, por ejem) y muchos lamentan esa incertidumbre, las convicciones o certezas sobre la naturaleza del ser humano no nos hace dudar menos…
      Parece una ironía poner énfasis en nuestras limitaciones, pero la verdadera inteligencia consiste en ponernos límites, defendernos de nosotros mismos, de nuestras deformaciones, nuestros intentos de “dogmatizar”. El hombre aprende, realmente, cuando es capaz de dudar, preguntarse, reflexionar, descubrir y corregir ( de forma social y política, pues esa es nuestra naturaleza por más que el ser individual haya estado salvaguardando todo un sistema ideológico-político-docial-moral) las consecuencias de sus actos/ inacciones.
      La incertidumbre, per se, no es mala, si sabemos concebir esta incertidumbre como una oportunidad para cuestionarnos el mundo, incluidos los conceptos tradicionales…es una forma de dar fuerza y halito vital, innovación y transformación a nuestras dudas existenciales, a nuestra manera de estar en el mundo y con los otros…

      Bsos David ^o^

      PD: qué cosa más curiosa eso que llamamos sexto sentido, a veces me parece la fragua de las dudas. Un cruce de caminos entre el prever, la previsión profética y la verdadera y afilada duda, la duda no es tan cándida…casi siempre asienta las bases de la curiosidad y revolucionan el mundo.

      • nebulosasentuiris permalink

        Déjame, Eva, decirte algo que poca gente se ha molestado en saber, y no les culpo.
        Ahora estudio filosofía en la universidad, mi particular sueño actual, pero vengo de física, que fue el sueño que impulsó todo mi pasado. Cuesta aceptar que la fuerza motriz de tu vida sea tan contingente, pero así es, al menos para mí.
        El caso es que cuando de pronto y sin anestesia, alguna sombra pregunta: ¿Por qué te cambiaste a filosofía? Suelo contestar con una picarona sonrisa, como si disfrutara de la oportunidad:
        ‘Verás, la termodinámica nos explica los procesos que ocurren en el núcleo de las estrellas, pero queda muda cuando a ésta misma la preguntamos por qué el amor es a veces cálido, y otras frío.’
        Ahora debería añadir que reconozco los límites de mi conocimiento, pero aún así, no me convencen.

        Gracias por responderme.
        Últimamente no leo tu blog, leo tu persona. Y me sorprende que a tu corta edad las palabras te obedezcan tan ciegamente.
        Ni se te ocurra dejar tu talento a la suerte.

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