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Resonancias siderales

octubre 21, 2012

Resonancias siderales

He visto espacios intersiderales
en tu recuerdo desgarrado,
viento ululante en tu vértice más alto,
raíz de tactismo inverso, que te empuja
hacia los que siempre viven, los pensados…
Ella habita en tu silencio como oculto rumor
de un Universo que se expande
de si mismo abandonado,
y te levanta hacia el cielo,
o te arrastra a la hondura, espoleando tu abisal querencia,
a una intimísima soledad, que resbala por tu frente
y tus cabellos ensortijados.
Son estampas que proyectan la perfección
invulnerable, de aquello todo por siempre bienamado…
Hallas, quizá, un espacio inocente en mis pupilas
donde abrevar tu corazón, de tan enorme y grande, desmesurado.

Me ofreces un espejo y una canción de cuna,
un dulce y tibio y terrenal abrazo,
una henchida aurora, tan magnífica e intacta, que
rezuma su diáfana frescura en la pura forma
de un cuerpo recién hecho a mano,
carnal y esquivo, persistente, milagroso y cotidiano,
como la felicidad o sin sombra el gozo…
No te has rendido, no te has cansado de buscar
esas palabras que se funden y confunden en los labios
convocando ideales que modulan lo sencillo,
lo simple, lo tangible y en suspenso…
Tan sólo por eso se renueva la voz en la garganta,
y despuntan sonidos benignos en la sangre,
rojo que tiembla germinal y libre en estos versos.
Todo parece tan elemental frente a la ambición
que no se colma ni se sacia,
y reitera su cauce y caudal, en la obstinación de ser,
creciente, voraz, vertiginoso…

Me ofreciste ondas que alisan de albor los astros,
y un eco luminoso y planetario
que ha venido a rozar mi pensamiento más profuso.
¿Quién sabe la razón de los espirales días?
Solo sé que bajo tu roce noble
se hacen más dulces e ingrávidas mis lágrimas,
y el alma regresa a su pulso natural, el más estable.
Tu risa, agua mansa y buena que alimenta cuanto toca,
se escucha pronunciada y espumosa entre mis noches,
tan serena,
y clara,
purísima,
y apacible,
sonora como esas fuentes de la infancia…

Es un acto de fe esperar o extender las manos
buscando alguna cosa codiciada,
un sueño, el más humano,
una ilusión quizá,
tal vez tan solo, un brazado de esperanza…
Has labrado para mí, en toda su extensión ilimitada,
un jardín sin vallas,
fértil de color vivo que blanquea de mis entrañas la mirada,
hileras de azules entre el dorado trigo,
salvajes y urgentes verdes que miran pasar las aves,
bancales de alborotadas margaritas, que anhelando el rojo,
se inclinan y cimbrean, sustanciando en mis retinas
el teorema de Pitágoras…


Eva Registered & Protected
© copyright 2012-10-21 15:43:24 – All Rights Reserved

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From → Poesía

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