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Tres vidas de santos, de Eduardo Mendoza

julio 30, 2012

                 Tres vidas de santos, de Eduardo Mendoza

Confieso que a veces es necesario manifestar la esperanza como un ejercicio de ética. Poco o nada tiene que ver la moral religiosa en esta necesidad, y poco o nada tiene que ver la conciencia y la liberación de nuestro fuero interno de la nada o la pesadumbre existencial. Lo cierto es que se necesita valor para cambiar las cosas y la esperanza es algo que anima, promete y estimula. La vida ya es un asunto muy serio a causa de su futilidad como para acostumbrarnos al nihilismo por sistema. ¿ Por qué negarnos el carácter redentor de la utopía?. Uno se lleva muchas sorpresas cuando está dispuesto a cuestionarse las leyes de la naturaleza y experimentar desde nuestro carácter humano con pasión: es la vida, es la literatura.

Miro la portada de Tres vidas de santos y lo siento como un objeto inanimado, una especie de marioneta inanimada que tiene en la cara una expresión de escepticismo o incluso de cinismo y que se basta a si misma para suscitar desengaño. Lo miramos y sabemos, a ciencia cierta, que inexorablemente terminará en el desván, pues, a todas luces, es imposible que se hiciera querer.

Estoicamente leí de pe a pa el libro sin que este lograse crear en su derredor un atisbo de ambiente humano, propicio y estimulante. Sin lugar a dudas el siglo XX puso en el centro del pensamiento occidental a la “ modernidad y a la postmodernidad”. Tardaron poco tiempo en convertirse en una suerte de moda y doctrina a la que se adhirieron no pocos escritores. Así los lectores nos encontramos con una ingente cantidad de literatura, ampulosa en ridiculeces, que veíamos proclamada como original o vanguardista en la prensa especializada u otros medios de comunicación. Amparadas, con desoladora solemnidad, por una crítica favorable, de asombrosa vacuidad y poco sincera, y movida por razones netamente económicistas y de conformidad con el pensamiento dominante.

Tras otras pensables paradojas que pudieran esconderse tras las lícitas preferencias literarias asoma la decisiva cuestión de la hipocresía, que termina convirtiendo en escritores consagrados a creadores mediocres que se limitan a producir para el mercado “ literatura consumible”. Una pseudo-literatura de corto recorrido que va de los creadores a su clientela, o lo que es lo mismo, una pseudo-literatura destinada a mantener en funcionamiento la rentable industria de la cultura, que traga y traga, devora y devora sin cesar.

Tres vidas de santos no me ha aportado “nada”, ni siquiera el simple placer que , en apariencia, puede traernos la lectura de un “relato fácil” o como poco entretenido.

Tres vidas de santos Mendoza

• Rescata, material acumulado en un cajón del autor. Tres relatos inconexos para conformar un libro en el ínterin de su próxima novela . Una especie de tríptico en el que nos muestra tres personajes que no son héroes, ni poderosos, ni siquiera luchadores en el sentido lato, simplemente son supervivientes hieráticos, indiferentes , anodinos, pasivos , desapasionados, sin compromisos vitales y sin encanto personal.

• Cada una de las narraciones, aunque concebidas en un espacio de tiempo distinto, se mantienen y desarrollan bajo el mismo concepto que Mendoza tiene de la literatura (“seguir imitando a nuestros maestros, haciendo como que somos un poco originales pero en realidad sacando un poquito de aquí, un poquito de allá… manteniendo, conservando, pasando, importantísimo trabajo, pasando el testigo hasta que haya una renovación.”) y que según mi humilde opinión, en este libro concretamente, no logra ni de lejos.

• Cuando Mendoza se decide a usar, en este libro, entremezclándolos, toda una serie de géneros literarios (realismo mágico, vanguardia, realismo social , le Nouveau Roman, un vanguardismo nihilista -que preconiza la propia muerte de la novela como tal- y la literatura de género, policíaca e histórica ) y engarzándolos en una forma casi paródica que parece sugerir una “intencionalidad estilística e interpretativa”, y que pretende conferir, también, cierta coherencia a la selección de los materiales (sin embargo lejos de lograr esa meta )crea una atmósfera de confusión , desorganización y mezcla densa de las narraciones integradas que no se bastan, por sí solas, en la estructura resultante, para dar credibilidad y unicidad al libro.

No podemos atribuir a la parodia una función moralizante, simplemente es la presentación de una realidad y de un orden desequilibrado, a los que sólo aporta una leve pincelada de crítica social, con el sentido metafórico que estructura y argumento tienen.
Mendoza toma alguno de los elementos característicos de todas las corrientes mencionadas de una forma aleatoria y desestructurada ( La hibridación, la mezcla de diferentes códigos literarios, es un elemento característico y común en el desarrollo ulterior de las tendencias postmodernas) :

• Alteración del código lingüístico establecido

• Establecimiento de mensajes, más o menos, subliminales para concienciar a los lectores de los aspectos negativos y poco convenientes de la dictadura como sistema político, pero sin entrar en la crítica directa o el compromiso. Alejándose, por todo ello, de la particular cosmovisión, con una ideología explicita, que suele caracterizar el realismo social. Sin embargo, Mendoza cae en ese mismo mesianismo ya que imbuye los relatos de otro singular mensaje “mesiánico”: el suyo personal y que consiste en el axioma “ La guerra civil española debe estar en el trastero”.

• Los relatos están totalmente desprovistos de cualquier compromiso histórico y de cualquier compromiso con lo ideológico. Es lo que podríamos llamar una literatura ensimismada, “ensimismada” en el sentido de que su materia prima, la palabra , es la argamasa para construir una arquitectura narrativa de carácter fundamentalmente sintáctico, y un ejercicio de estilo personal que como objeto último tiene la creación de cierta belleza desde su singular fatalismo y sentido del humor que a veces se apoya en la ironía, la parodia, el cinismo, la relativización como recursos estilísticos. ( En esto muestra cierta semejanza con la función que Oscar Wilde asigna a la creación literaria y que no es otra de el arte por el arte, crear belleza sin otra intencionalidad añadida) . A pesar del criterio de la prensa especializada que dice: “Mendoza no escribe únicamente para entretener al lector” y que apostilla su propia visión de la literatura –las cosas divertidas a veces son triviales y a veces no- en palabras textuales suyas, para mi es lo que, como mucho, logra en este libro : entretener.• Proximidad a lo que podríamos llamar eclecticismo vinculado a la idea de postmodernidad.

Cosas que destacaría positivamente:

• Proclive a la verbosidad (cualidad que el propio Mendoza afirma le dificulta el cultivo del cuento)
• Gran conocimiento de la lengua
• Buen uso de la sátira
• Narración y ritmo fluido

Entrando al desglose:

Eduardo Mendoza reconoce que saca a la luz “Tres vidas de santos”para ganar tiempo mientras escribe otra novela, presentando tres textos que tienen muy poco en común, que no ningún nexo por el que los tres relatos tengan que formar parte del mismo libro y que fueron escritos en diferentes etapas de su vida.
Mendoza arguye que algo de “santos”, no en el sentido hagiográfico del termino, hay en estos tres individuos que hacen de hilo conductor en cada historia. Hace, para dar unicidad al libro, de una manera interesada y necia, y lo que es peor tratando de necios a los lectores, un extenso prólogo en el que habla del tipo de “Santidad” que él atribuye a estos personajes; incluso los relaciona de forma bíblica con los santos, usando para ello los pecados capitales y haciendo hincapié en el pecado de la SOBERBIA , como origen de todos los males del mundo; asumiendo y participándonos , tácitamente y de este modo, su educación y afinidad con la moral católica.

“La ballena”, es el relato más extenso, son 90 páginas inacabables. Desde mi punto de vista, un plomazo comprimido. Comienza haciendo una descripción de la Barcelona, deprimida y convulsa, de la postguerra , desde la descripción de una burguesía catalana privilegiada y su particular idiosincrasia. Personalizando esa burguesía en la familia, la tribu, y en especial la matriarca: la tía Conchita. Obvia, casi completamente, el catalanismo (nacionalismo catalán) que a pesar de estar acallado y perseguido por el régimen franquista lucha, desde la clandestinidad, por aflorar. Sólo da una leve pincelada de este sentimiento o sensibilidad política personalizándolo en el marido de la tía Conchita.
En general los personajes son sosos y las notas irónicas y satíricas blandas y de poco calado, se ve claramente que no quiere herir sensibilidades ( “A semejanza de Wilde no muerde la mano que le da de comer”, en este caso la actual sociedad catalana que sigue siendo muy influyente a la hora de marcar tendencias artísticas y literarias). Las descripciones de Barcelona son ralas y superficiales: no quiere , bajo ningún concepto, enjuiciar o valorar ese tiempo histórico- político, por más que de algunas pinceladas irónicas del mismo; con ello se pone de manifiesto su particular postura, para nada comprometida, ante el controvertido tema de la Guerra Civil española ( “ La Guerra Civil debe estar en el trastero” sic)

El personaje del Obispo le permite apostillar, sin tener que hacer o tomar compromiso alguno, su postura vital ante la guerra civil; pues para hacer las descripciones de la Barcelona de Postguerra toma como referencia la óptica y perspectiva de un Obispo de izquierdas sudamericano; un hombre simple, de poca capacidad intelectual y débil de espíritu, para describir la sociedad, de la que se ha convertido en espectador, con el corazón , la mente y los ojos limpios e inocentes, libres de “tendencias” impulsadas por el odio o rencor propios de vencedores/vencidos. Describe así una situación sin tomar partido por prejuicios o afinidades localistas.
El Obispo se limita a ser observador, o incluso sufrir en carnes propias, la bondad o maldad de una tierra y sus gentes.
Sin embargo, es curioso que no elija un Obispo Africano que, para el caso y a ojos del lector, hubiese podido ser dotado de las mismas características maleables ( pobreza, ingenuidad, simpleza mental, ser acreedor de racismo/xenofobia , cierta bondad y sentido de la justicia). La respuesta que soy capaz de darme es simple: no le hubiera servido porque hubiese parecido que el autor, aunque fuese de forma subconsciente, y al centrarse en un personaje exclusivamente del ámbito seglar sin el atributo de ser de“izquierdas”, tomaba partido o mostraba su afinidad y afecto con esa burguesía rancia que medraba al calor del poder dominante. Su juego, su baza, estaba en elegir un Obispo de Izquierdas.
Cuando despoja al Obispo de sus vestiduras seglares, sin ningún pudor, le transforma en un loco visionario (uno de sus fetiches o recursos literarios recurrentes ) que ha decidido ocupar el lugar de Dios, y en su calidad de enjuiciador supremo, premiar y castigar a buenos y malos.
El final brilla prácticamente por su ausencia y se comprime en un cuaderno, que bien podría parecer de un niño pequeño, y en las frases, garabateadas, del Obispo. La historia parece escaparse de las manos a un escritor que no quiere entrar, en forma alguna, a analizar una etapa histórica concreta de España, y que por ello decide finiquitar el relato con un “golpe de efecto” que deja ese curioso y abierto final :
pone en manos de la abnegada madre del “narrador” el cuaderno del Obispo, que es, simple y llanamente, una escueta confesión, pero confesión al fin y al cabo.

“El final de Dubslav” es un relato desesperanzado y absurdo que parece ahondar y expresar, mediante la fabulación, en el punto de vista, real, que de la creación literaria tiene el propio autor. Se diría que “El final de Dubslav” es un relato salido de la cabeza de un creador que ha mantenido un idilio con drogas o enteógenos como inductor y coadyuvante del proceso creativo. El autor suele defender la tesis que desde que el mundo el mundo los creadores han usado las drogas y que el proceso creativo no existiría , tal y como lo conocemos, sin la cooperación de esas drogas.
El personaje principal es un tipo gris y anodino que no tiene razones para ser feliz o infeliz, como no tiene razones para vivir o morir , o como no tiene razones para amar u odiar. Esta aquejado de una extraña enfermedad: una especie de episodios , de los que va recuperando, de muerte súbita. Episodios que lo mantienen siempre entre la vida y la muerte; por ello decide emprender un viaje en busca de una respuesta que confirme su idea, más certeza que idea, sobre el sentido de la vida. Al final resuelve que el sentido de la vida es la muerte. Lo es tanto para ricos como para pobres, tanto para genios, intelectualmente hablando, como para seres simples y primitivos.

Cuando verifica, en una remota región de África, esa certeza personal decide despedirse del mundo con el epitafio más burlesco y envenenado; Hace, a ese efecto, una arenga nihilista ante ilustres y afamados científicos, con la oportunidad que el premio otorgado, por las investigaciones científicas en el campo de la oftalmología, a su madre muerta, le brinda. De tal forma que aprovecha para hacer una burla cruda y mordaz del concepto de sacrificio: cualquier sacrificio humano o esfuerzo por lograr merito, reconocimiento, la fama, amor y riqueza son fútiles. Es una fabulación totalmente desesperanzada.

“El malentendido” es el último, el más corto, el más inconsistente y el más soso de los tres relatos a mi modo de ver.

Una profesora de literatura imparte clases, de literatura y reparte textos literarios, a presos ; encuentra en uno de éstos presos una devoción excepcional por la lectura, tras ponerla a su alcance, pues antes era un mundo tan desconocido como inalcanzable y vedado para él.
Antolín Cabrales , el preso en cuestión, acabará por dar siguiente paso: el que va de ávido lector a escritor. Logrando, incluso, tener repercusión social y mediática y convertirse en famoso. Para ello ha tenido que ocultar su pasado y esconderse bajo un seudónimo. Escribirá relatos criminales, el mundo del que es conocedor y del que domina, a la perfección, sus entresijos. Demostrará, también, que se puede tener éxito y lograr una buena historia poniendo cierto empeño en los aspectos formales de la narración y dando escasa importancia al contenido y a las formas. Es como si el autor pretendiera decirnos que la escritura, que el proceso creativo, es más innato que cultivado y que la formación es simplemente es un apoyo útil para el escritor. Además de sugerirnos que la literatura de masas se crea con pocos ingredientes pues va dirigida a una clientela que tiene un escaso nivel de exigencia .

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