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“Conciencia”, “Solidaridad” y “Lenguaje”

marzo 25, 2012

“Conciencia”, “Solidaridad” y “Lenguaje”

Ayer, durante una charla con un nuevo amigo, que se prolongó hasta bien entrada la noche, me sorprendí reflexionando sobre los “cambios sociales” en relación a las ideas. La evolución de la “mentalidad” de una sociedad, necesariamente va acompañada de una transformación política o del “cuerpo político” que nos representa, pues la mentalidad de una sociedad, hasta cierto punto y medida, es una consecuencia de la política.
Los tecnócratas políticos de hoy ya no son los vástagos de los políticos que ponían corazón e ideas por encima de la propia ideología.

Para las sociedades “defenderse” de la tecnocracia y el cesarismo, un tema viejo y familiar, es necesaria la educación sentimental y potenciar el espíritu crítico.. Cesarismo ¿ Cual es la utilidad absoluta de esta idea, mientras no existe una relativa?. La experiencia o la historia nos revela que la fuerza cohesiva que un “cesar”da a un partido, más aún si es de tecnócratas, es grande y difícilmente puede verse afectada por las maniobras tácticas de los individuos que conformamos la sociedad civil (estoy pensando concretamente en el movimiento 15 M).

Cuando el pobre Don Quijote encuentra, en una de sus primeras y solitarias salidas de caballero andante, a unos mercaderes de Toledo que van camino a Murcia y arremete contra ellos, lanza en ristre, sin más motivo que no haber querido, aquellos hombres incrédulos y desconocedores de una tal Dulcinea, proclamar que Dulcinea era la más bella dama del mundo, según les exigía Don Quijote; ocurre que el caballero andante y su caballo dan con sus huesos en el suelo, sin que el pobre loco pueda levantarse. Un mozo de mulas oyendo decir al pobre caído tantas arrogancias y desvaríos, se acercó a él y tomando su lanza y después de hacerla pedazos con uno de aquellos trozos comenzó a dar a Don Quijote tantos palos como quiso. Él a pesar de tantos palos no cerraba la boca, amenazando al cielo y a la tierra y a los malandrines que tal le parecían.

Con la alusión al episodio de Don Quijote he querido poner de manifiesto la dificultad de “conocer” la verdad. Y al llegar a este punto centro mi mirada en Rorty, un filósofo norteamericano que ha sido muy importante para la filosofía, la ética y la política. Rorty decía que “ Quién hace política no conoce la verdad”: Es cierto, el ser humano difícilmente llega a la verdad, en consecuencia los políticos no pueden dogmatizar y menos aún limitarse a “desear” lo que es “verdadero” o lo que es “bueno”. Lo realmente importante en un político (máxime si ostenta y gestiona el poder), como en un emprendedor, es la capacidad de ver más allá y orientar esa capacidad a la acción.

Protágoras sostenía que nunca pretendía persuadir a otro de lo que es verdadero o falso, porque eso no lo había conseguido nadie ni nadie jamás lo conseguiría. En cambio si defendía la capacidad y lícita aspiración de mejorar la forma de hacer política y por tanto la política en una sociedad.
Rorty siguió esa línea de pensamiento si bien dio un paso más osado: una acción que, para desarrollarse, tenga que centrarse en lo que es verdadero o falso nada tiene que ver con la política. Para Rorty con la política lo que se persigue es un constante e interminable proceso de mejoramiento, como recomendaba Protágoras.

Según Rorty , es el ser humano el que a través del lenguaje da un sentido al mundo, lo interpreta. Y la interpretación es más un fenómeno social ( que proviene de la cultura que a su vez vive de continuos cambios sociales) que el conocimiento de la realidad por parte del intérprete. Para Rorty no hay ningún orden natural que justifique la creencia en una verdad universal y mientras un político, de derechas o de izquierdas, piense que las “acciones políticas” requieren fundamentos fuera del ámbito político ( es decir, filosóficos, religiosos, etc) deseará instaurar la “creencia” como fundamento de esas acciones. Él defendía que no hay grandes “principios” que rijan la historia o la sociedad sino que nos encontramos en una “condición” de pura contingencia; y que tanto “lenguaje”, “conciencia” y “solidaridad” son lo que necesitamos para lograr una comunidad democrática con un justo equilibrio entre la esfera de lo público y lo privado ( lo individual y lo social).Los ciudadanos de su sociedad liberal son las personas que perciben la contingencia de su propio lenguaje, de deliberación moral, conciencia y solidaridad.

La solidaridad humana, para Rorty , si tiene carácter universal y racional. Para él, la solidaridad humana sólo puede entenderse con la referencia de aquellos con los que decimos ser solidarios. Los sentimientos de solidaridad dependen necesariamente de las similitudes y las diferencias, con los otros, o que nos parezcan más destacables. Para él, la solidaridad humana es el paradigma de la sociedad liberal. La solidaridad no depende de la participación en una verdad común o en una meta común, o en una ideología o creencia común, sino que es cuestión de compartir ( con los demás) una “esperanza común” (egoísta en el fondo): la esperanza de que nuestro mundo ( el que nos hemos fabricado a medida cada uno de nosotros) no será destruido.

Los totalitarismos como cualquier actitud radical o de intransigencia encierra tiene su máximo riesgo en la posibilidad de que una idea se convierta, exclusivamente, en creencia o ideología. Cuando pretendemos dar a nuestras ideas ese carácter trascendental y así lo expresamos mediante el lenguaje o léxico cual verdad objetiva que queremos imponer a otros ( argumentando con, el exclusivo razonamiento, de la pretendida “objetividad” de nuestra creencia o ideología) para obligar por medio de mecanismos que operan, de forma tanto consciente como inconsciente, en las interacciones humanas. Caemos así en la manipulación. Una ideología o creencia, generalmente, está sustentada en lo que Rorty denominaba “léxico último”: conceptos que tan sólo pueden definirse recurriendo a sí mismos. Este tipo de conceptos no constituirían por si mismos problema alguno si no estuviera del por medio el concepto de “verdad”. Una ideología o creencia pretende estar en posesión de una verdad absoluta y por tanto generalizable.

Para Rorty, la única forma de discurso que puede tener relevancia en nuestra “cultura de sociedad liberal” pasan por la afirmación de que “tenemos la obligación moral o ética de sentirnos solidarios con todos los seres humanos” y reconocer nuestra “común humanidad”. Explicar en qué consiste ser solidario no es tratar de descubrir la esencia de lo humano, sino en insistir en la importancia de ver las diferencias individuales, el “yo, mi me conmigo” ( ideología, religión, raza, sexo, edad) sin renunciar al “nosotros” que nos contiene a “todos”.
Rorty concibe al individuo como una “contingencia histórica”: el ser humano es consecuencia de una circunstancia histórica, algo que depende de acuerdos transitorios acerca de qué actitudes son “normales” y cuales podrían considerase justas o injustas. La idea tradicional de “solidaridad humana” según la cual dentro de cada uno de nosotros hay algo, un sentimiento, que resuena ante la presencia de otros seres humanos; un sentimiento de pertenencia a la misma y común naturaleza.

Rorty ve en la literatura, las artes, la creatividad algo que contribuye a la ampliación de la capacidad de la moral o ética ; porque nos hace más sensibles en la medida en que profundiza nuestra comprensión de las diferencias entre las personas y la diversidad de sus necesidades.

La esperanza de un mundo mejor consiste en que los seres humanos disfruten de cierta capacidad económica, más igualdad social y más tiempo libre para que puedan desarrollar una mayor sensibilidad, más capacidad de empatía. Los seres humanos se vuelven más decentes, más solidarios, en la medida en que mejoran sus propias condiciones de vida.
Así pues, cualquier transformación del mundo, cualquier mejoramiento, pasa por promocionar las actitudes sentimentales: el desarrollo de emociones como el amor, la confianza, la empatía y la solidaridad. En definitiva, más educación sentimental y menos abstracciones ideológicas o morales, y menos teorías sobre la naturaleza humana, aunque estas provengan de la ética. De ahí que Rorty critique el enorme grado de abstracción que el cristianismo ha trasladado a la ética social.
Para Rorty existe un progreso, un mejoramiento moral, ético y político sólo si ese progreso se orienta hacia una mayor solidaridad humana. Para ello es necesaria una educación sentimental y moral a través del desarrollo de la sensibilidad artística.
Rorty no cree en la ética como ciencia o disciplina teorizante. Por ello él pretendía un giro de la ética hacia la narrativa, la literatura, el cine , las artes como medio ( socializador) que legitime sus enunciados, ningún punto de vista trascendental, sin ningún dogma. Rorty pensaba que a veces sólo la literatura es capaz de narrar el constante cambio social, la vida y su ambigüedad, etc. El poeta, el novelista, el cineasta, renuncian al intento de resumir todos los aspectos de nuestra vida en una única visión, muy al contrario hay tantas como escritores, poetas, cineastas, etc. etc.

Conclusión:

La educación sentimental y artística ( literatura, cine, etc.) es un pilar esencial para formar individuos, personas, que sean capaces de indignarse ante la maldad, el dolor, el horror, la humillación de los demás. La indignación también es un buen motor que nos lleve a la acción, necesaria para construir un mundo mejor.

Eva Registered & Protected

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2 comentarios
  1. MushroomMaster permalink

    No puedo más que quitarme el sombrero y aplaudir 😉

    Inlakesh, Halaken.

  2. Gracias MUshroomMaster ( un nick facilito). Estoy sorprendida, tengo un alter ego JaJa. Eres muy amable. Bsos.

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