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When you say nothing

marzo 9, 2012


When you say nothing

Vivía en un mundo de fantasmas, de máscaras animadas. Nadie parecía estar realmente vivo a su alrededor. A veces tenía la curiosa sensación de que su alma estaba tallada a mano y su mentalidad era realmente exótica. Él se estaba haciendo a sí mismo y al tiempo influenciando a sus compañeros. Como la mayoría de gente que escribe poemas o canciones de amor, con tan pocos órganos, intentaba domesticar lentamente cada palabra, cada nota, cada sonido. Poseía extraños poderes que sus compañeros no parecían captar. Su mente podía padecer cualquier agonía espiritual incluso una manifiesta inseguridad, sin embargo su cuerpo tenía un magnetismo animal instintivo que le permitía enfrentarse, sin pudor, a cualquier desafío humano.
Tenía una sonrisa arrebatadora y sus ojos traspasaban el vacío como perfectas ondas cósmicas. Era robusto y delgado. Tenía un lustroso y largísimo cabello que a veces le servía de refugio ante miradas escrutadoras. No era extraño que las chicas estuviesen locas por él.
Mirando hacia él no necesito ver la guitarra entre sus brazos. Él es una extensión más de la guitarra, es la guitarra. Su música era ahora más sofisticada, ofrecía una profundidad y sinceridad que no surgían del conocimiento del instrumento. La pasión que surgía de aquella perfecta fusión con el instrumento, al que él se aferraba como un organismo vivo, emitía salvajes sonidos que se derramaban espontáneamente sobre la sala incrementando la sensación de comunión entre los allí presentes.
Sus manos rasgaban las cuerdas que a veces apagaban sus gritos, de éxtasis y dolor, como si estuviesen a punto de asfixiarse, si es que es posible asfixiar unas manos como las suyas. Sus dedos se iban tiñendo literalmente de rojo. Retuve largo rato la mirada sobre sus manos y estuve a punto de llorar. Las lágrimas siseaban amargamente en mi garganta. El grupo proporcionaba un poder trascendental a la música y ellos sabían que podrían reproducir, reiterativamente, el efecto a voluntad. Ahora me preguntaba hacia donde había huido aquello que él llamaba falta de confianza propia, confidencia y deferencia hacia mi persona en un arrebato de intimidad compartida, del perfeccionista o del pensador excesivo. Dejé escapar un tenue suspiro. No pude hacer otra cosa que mirarle con melancolía horrorizada por el ritual sacrilegio. No quería que pudiese leer mi mente y bajé la mirada. Cerré mi mente a él. Como si estuviese cerrando la puerta del armario donde habitan las pesadillas infantiles. Me marché antes de tiempo de la sala, llevaba la sinceridad cosida a los ojos y a mis primeras alas de noctámbula.
Él había logrado que canciones personales se convirtieran en familiares por el efecto de la inmediatez y la proximidad entre dos almas que se rozan. Sin darse cuenta, sin proponérselo siquiera, había tejido y dominado un hermoso universo: delicado, íntimo, a la vanguardia de lo sensible y alejado totalmente de lo convencional.
¡Y pensar que podría estar escribiendo una tesis doctoral sobre ti! Pensaba para mis adentros. Quizás valdría la pena arriesgarse a ser a absorbida por esa gran aventura creativa. Mientras me deslizaba mentalmente hacia los límites de esa potente música, me sobresalté violentamente. Era un eco lejano el que repetía “Cuando me necesites realmente, sólo tienes que llamarme”. Me limpié la humedad de los ojos y crucé los brazos sobre el pecho intentando dejar de temblar. Sabía bien como ocultar mi propio núcleo de oscuridad. En eso nos parecíamos demasiado, sin embargo él no era un buscador de la verdad y yo no podía vivir sin ella. Sólo unas cuantas pobres e irreverentes almas necesitan de la verdad para seguir sintiéndose vivas. Las demás son demasiado vulnerables a esa luz que lo devora todo y quedan por siempre atrapadas en un mundo estúpido, sacrificado o rendido a cosas estériles .
Nunca te diré nada de esto porque no quiero que tu vida se transforme en un no vivir. Simplemente te recordaré tus propias palabras: “Cuando me necesites realmente, sólo tienes que llamarme”. Estaría detrás de ti sosteniendo el paracaídas, obligándote a saltar sobre los filos menos cortantes.
Mientras tanto, siempre habría una estrella en el escenario ,una estrella que saldría en algunas revistas con sus camisetas desgarradas y cadenas en la cintura. Es fácil hacerse a esa idea, incluso ensoñar otras que queden bien frente a un espejo nuevo o en el mejor de los escenarios de nuestra conocida ciudad . Cuando te habitúes a todas esas cosas, ahora importantes, la ciudad de los fantasmas te dará un respiro y volverás a ver al chiquillo que escribía poemas tristes.
¿ Qué he hecho? Aún tienes que descubrir por ti mismo esas cosas que hacen que valga la pena levantarse cada día. La noche había sido todo un éxito, y pese al alcohol, no lograbas quedarte dormido. A la mañana siguiente, al despertarte, tuviste miedo. Mirabas a tu madre de soslayo, hiciste las cosas habituales como si entrenases para mirar de soslayo al salir a la calle y emprender tus rutinas diarias. Algo que él sabia ahora, mejor que nunca y a ciencia cierta, que no podía soportar. Uno se puede acostumbrar a todo, creo, uno puede volverse normal ignorando la timidez del perro lastimero que gime en nuestro estómago. Al comprender esto sabes que la timidez la puede entender cualquiera. ¿ Qué hay que te haga sentir especial, por encima del resto de los hombres, aunque sea una insignificancia? Timidez, aversión a la falsedad, aversión a lo superfluo…
En la radio del coche sonaba un programa de música que oía algunas veces. Estaban pinchando una de sus canciones favoritas y él estaba triste. La representación continuaba. Seguía sintiendo Aversión por todo eso por lo que había tenido que pagar un alto precio o dejar detrás. Aún , sin embargo, sentía ganas de levantarse todos los días. Cada momento de nuestra vida está condicionada por este tipo de combate, a veces difícil, a veces placentero, debemos adiestrarnos a nosotros mismos para no rendirnos ante la primera dificultad que se nos presente.
Tú escribías y transcribías letras, poemas, canciones y pasos. Tus propios pasos parecían seguir el ritmo de una vieja melodía hecha para ti. Resulta interesante, entre otras cosas, poder ofrecer a los demás una música que sigue sus propios códigos, que camina por senderos aún inexistentes. Veo en mi mente ese mundo al que no dejas entrar a nadie , no necesitas describirme el paisaje, como en la canción que les cantas a ellos. No necesitas explicarme lo que significan tus versos. Puedo ver lo que tú ves con relativa facilidad.
El aguacero y la luz, con su claroscuro, va dibujando un paisaje en particular : Tu vida, y espero que vivas esa vida según tus propios criterios.
Ahí estás envuelto en ese halo de misterio, tratando de liberar más de tu mágica influencia; realmente cambiaste las cosas para esos que sólo ambicionaban un sueño tangible. No tengo la intención de despejar todas tus dudas, eres demasiado inteligente para confundir la ambición y la pretensión.
Veo dos rostros, dos personalidades diferentes en el grupo. Las dos personalidades son muy fuertes y están muy motivadas. Sin embargo a la larga surgirán las pequeñas grandes fricciones. ¿Fricciones? El concepto parece un poco “opaco” para algunos. Para estos dos seres simplemente se trata de forzar, aún más, los propios límites. Ambos tienen la suficiente personalidad para decidir las emociones que van a compartir. La sensación que se experimenta cuando se escucha a un grupo es muy importante, pero lo es más disfrutar de las distintas texturas de sus almas. Sus almas terminarán colisionando.
Me encantan los grupos que inyectan luz y accesibilidad a un prosaico escenario, aunque sean muy extremos y teatrales cuanto más cultivan la luz y la mezcla, más se abren las puertas del cielo. Saltan chispas de materia y antimateria y por la atestada sala , un soplo de aire fresco, simplemente, oxigena la sangre.
¿Tímido? Puede ser, aunque yo lo llamaría intimista. La penumbra cae y define perfiles que sobresalen sobre el negro, sin ser pretencioso, ni esnob o hermético…
Hay en tu corazón una sencillez intangible que quiere transfigurarlo todo, como si de eclipsar la parte menos autentica de la melodía se tratara…


Eva Registered & Protected

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From → Relatos

One Comment
  1. Gracias y Bsos.

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