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En tránsito 

febrero 21, 2012

En tránsito

Ya no es necesario salir, después de todo, al encuentro de los amigos de diversión para descubrir los hábitos y costumbres del grupo. A estas alturas de la película no voy a encontrarme con nada nuevo o sorprendente.
Antes tenía la idílica idea de que la amistad era algo más que un pacto, algo más que un acto de fe y buenas intenciones. Cuando algo iba mal, por pequeño que fuera, me preguntaba si podría haber hecho algo más por evitar los malos entendidos, los desencuentros, las tontas rivalidades. Ahora todo eso carece de importancia, no son ellos los que han cambiado, yo he cambiado.
Es más rico y gratificante, me hace ser más consciente del significado del término amistad, vivir plenamente, cada día, a mi manera. Sabiendo cual es el lugar que ocupan cada uno de mis amigos, los de verdad y los de diversión.
Este cambio completo, no ha estado exento de ansiedad y emociones a flor de piel. Que yo sepa, también me habitaba un miedo visceral a la exclusión social. Pertenecer a un grupo da ciertas seguridades. Ahora sé que demasiado frágiles y superfluas. Poco a poco la realidad, que suele golpear duramente con su tozudez natural, se encargó de apaciguar mi espíritu y transportarme a un horizonte próximo lleno de encanto y serenidad. No hay que refugiarse en el beneficio de un futuro, aún de horizontes lejanos y desconocidos, simplemente analizar lo que merece nuestras lagrimas.
Siempre habrá un par de amigos dispuestos a crecer con nosotros. Su honestidad y lealtad está a prueba de tormentas. Estudio, exploro, analizo cada signo, cada acto, cada movimiento con el fin de comprender los códigos y el lenguaje de mis verdaderos amigos. A veces leo en sus ojos cariño sin medida y comprensión, otras cuestionamiento o perplejidad. Creo que la facilidad para hablar, entender y hacerse entender entre amigos hace superar cualquier cuestionamiento o crítica sincera.

Pienso en los amigos que dejé detrás y siento un poco de dolor o nostalgia. Pero también miro hacia delante, porque otros amigos me han tendido los brazos para unirse junto a mí a una nueva aventura : ir más allá de sus propios límites y conocerme.

Así que, ciertamente, a veces me siento sola entre una multitud de rostros conocidos, me siento a su lado en el Instituto, como un barco entre dos orillas, sin propósito ni cuaderno de bitácora. Entonces cierro los ojos y busco a tientas una mano amiga. Con movimientos torpes, vacilantes, conmovedores pero al tiempo de férrea voluntad. Me aferro a esa mano, con su asentimiento, no quiero ser el predicador que convierte a la fuerza.

Lo desconocido está siempre delante de mí. Los amigos siempre acaban por revelarse. No quiero descubrir un mar de gente que nunca más volveré a ver y de los que nunca más volveré a saber. Quiero compartir los vínculos de la verdadera amistad. No quiero que sea mía por un momento,ni por asomo un momento …
Podría hacerlo, estoy segura, como tantos otros. Pero ya no me interesa.

” Hemos hecho algún progreso, ¿no?”– ( J.Lord )
” Oh, sí. Siempre se progresa algo, incluso cuando las cosas van mal, porque entonces uno sabe lo que no hay que volver a hacer”- (Giacometti)

Eva Registered & Pretected

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